Las autoridades detectan tres puntos conflictivos relacionados con la ocupación irregular

En Palavea, los vecinos piden el tapiado de las viviendas de Epamar en cuyo número 56 residen familias | Javier alborés
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Esta semana se supo que los antiguos okupas del número 19 de la calle de Doctor Fleming se habían mudado a la calle Noia, en Os Mallos, donde los vecinos denunciaban delitos similares a los de la Falperra. Se trata de un problema, el de la ocupación irregular y la delincuencia, que no siempre van relacionados, pero la mesa de trabajo sobre ocupación que forman el Ayuntamiento y al Subdelegación del Gobierno determina que solo tres de los inmuebles “okupados” de la ciudad genera verdaderos problemas de convivencia: se localizan en Palavea, Peruleiro, y ahora, en Os Mallos.

Estos dos últimos localizaciones el número 29 de Peruleiro, y el 23 de al calle Noia, son dos inmuebles antiguos, de dos o tres plantas, ocupados por jóvenes inmigrantes sin recursos, llegados irregularmente a España, y con pocas opciones de prosperar. La mayoría ronda los 20 años de edad y sin estudios ni papeles y con un precario conocimiento del idioma, sus posibilidades de salir de la exclusión social son casi nulas aunque sí acuden a instituciones como Padre Rubinos o la Cocina Económica. En los últimos años, debido al aumento de la inmigración, este tipo de okupas se vuelve cada vez más frecuente.

Tanto en Peruleiro como en Os Mallos, los vecinos denuncian sobre todo pequeños hurtos, robos al descuido o en coches estacionados en la calle. Más raro es lo denunciado por los vecinos de Os Mallos: robos con escalo en las viviendas unifamiliares del barrio. En cambio, sí es habitual el trapicheo de drogas, y que se peleen, pero sobre todo entre ellos, lo que ha dado lugar a lesiones leves y a  intervenciones policiales.

Perfil diferente

En cambio, el otro punto conflictivo, el de Palavea, el perfil es completamente diferente. Son dos familias que ocupan uno de los inmuebles de la antigua promoción de Epamar, que nunca se llegó a acabarse. Estos edificios han sido objeto de vandalismo, pintadas, y fiestas, pero estas familias, con menores a su cargo, se instalaron el año pasado y en principio, la convivencia con los vecinos del barrio era buena, pero estallaron problemas  con una vecina y su familia y comenzó una serie de actos de represalia, que incluyeron incendios, amenazas y agresiones, de las que ambas partes se acusaban mutuamente. La asociación de vecinos de Palavea espera que los okupas abandonen el lugar cuanto antes, después de que la vecina en cuestión tuviera que marcharse.

 Sin embargo, la mayor parte de los “okupas” no son peligrosos, aunque a veces puedan ser molestos, sobre todo si generan marginalidad. La Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein) estima que cerca de 350 viviendas en el área reúnen las condiciones para ser “okupadas”.

El delegado del Gobierno, Javier Losada, asegura que la situación “no es alarmante”: de la 80.288 infracciones penales conocidas, 129 fueron ocupaciones ilegales. Es decir, el 0,16%. Pero de estas, 54 tuvieron lugar en la provincia de A Coruña, y la mayoría, en su capital.

Las autoridades detectan tres puntos conflictivos relacionados con la ocupación irregular