Insectos en trajes de licra aplauden al amor en un invierno “primavera”

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“Ovo” es una historia de amor que  suena a samba y es multicolor porque Circo de Sol pone a saltar a la naturaleza, la centrifuga y de ella salen fuegos artificiales, que son como las perdices al final de un cuento. Los canadienses no se irán hasta el 30. Solo descansarán en Nochebuena y Navidad y para cuando terminen, los coruñeses podrán decir que vieron deslizarse a los saltamontes por un trampolín, a las hormigas mover kiwis gigantes y a un escarabajo hacer piruetas en el trapecio, pero, sobre todo, serán testigos del idilio entre Lady Pug (una mariquita) y Foreigner (una mosca azul adosada a un huevo que le da título al asunto). 

La compañía tiene ya instalada su casa en el Coliseum. Un día como ayer en el backstage, los nervios propios de quien estrena un escenario se palpan desde primera hora de la mañana. A eso de la una del mediodía, un chino “araña” ensaya en la cuerda floja mientras Kilian se prepara. Lo suyo es el tumbling. Es campeón mundial.

Precisamente cuenta que los reclutadores de talentos lo pescaron en una final y con 24 años lleva tres dando brincos por el mundo. Todo empezó cuando con tres añitos, a sus padres se les ocurrió este deporte como una forma de canalizar su energía, “empecé por eso y después seguí”. 

En bambalinas, una pareja visualiza el show anterior en Edimburgo y otros ponen la lavadora. Tienen hasta cinco y otras tres secadoras y una especie de burros donde ponen sus trajes a secar. En las máquinas, varios hacen flexiones y en otra sala, los “grillos” mastican la lección en alto. Sobre las colchonetas, hablan de cómo se encuentran mientras estiran o hacen el spagat. Son los siguientes en el entrenamiento previo. A un lado, el huevo de cartón piedra espera su momento.

Ser nómada pide que el escenario se parta en dos, una parte se ve, se llena de trajes de licra y fantasía cuando toca la hora y de oscuridad cuando salen los espectadores de la sala, y la otra es oculta. Por ella, pasean todas sus rutinas. Son una familia de 100 miembros de nacionalidades distintas, dice Kilian, y al contrario que en la alta competición, el joven asegura que “somos colegas y nos ayudamos”. 

Un apartado muy importante es el vestuario. Lo pilota Mar González, de Santander, que comenzó trabajando para Circo del Sol en Gijón con “Saltimbanco” y siguió con “Alegría” y “Quidam” hasta hoy, que puede decir que cosió “sietes” en China. Comenta que los trajes se estropean mucho. Hay que repasarlos uno a uno, lavarlos y remendarlos. Charlote se encarga de reparar sombreros; Emilia, a sus zapatos, y Cara revisa los trajes. Entre las cuatro y dos locales más ponen a punto a la comunidad de insectos para que brillen. Es fácil, comenta la experta, porque la diseñadora Liz Vandal hizo magia con la aguja y estudió con microscopio cada especie para llevar sus características más singulares a los tejidos y que el público viera a los bichos como si fuera de su tamaño. Mar se queda con los saltamontes hechos con telas preparadas para volar bien alto. Todos tienen pequeños detalles, estampados que imitan a sus caparazones y entre todos, son más de mil piezas de ropa: “Cada artista se pone dos y siempre viajamos con extras”. Solo tienen seis meses de vida o lo que es lo mismo, 125 funciones. Después dejan de latir y se sustituyen por otro. 

Entre tanto, saca el de la mosca azul. Impresiona por las tonalidades que degradaron en un proceso de varios tintes y por un cosido hecho a mano. Mar habla del trabajo como científico: “Otros diseñadores se quedan en algo más superficial, pero ella se fijó en las estructuras y le gustan las armaduras”. Sobre esta base, dice, es un placer trabajar y ayudar a que el Coliseum sea primavera en pleno invierno. Hoy lo será a las 17.30 y a las 21.00 horas.

Insectos en trajes de licra aplauden al amor en un invierno “primavera”