El león es vikingo

HO. Oudenaarde (Belgium), 05/04/2015.- Norwegian Alexander Kristoff of Katusha team celebrates on the finish line winning the Ronde Van Vlaanderen cycling race, in Oudenaarde, Belgium, 05 April 2015, in front of Niki Terpstra of Quick Etixx-Quick Step tea
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Alexander Kristoff es algo más que un sprinter. En una semana ha roto todas las barreras que le faltaban por derribar. Ganó tres etapas y la clasificación general de los Tres Días de la Panne y ayer redondeó su ‘Semana Santa’ particular con un inapelable triunfo en el Tour de Flandes. Es el segundo monumento en el palmarés del noruego tras ganar la Milán-San Remo en 2014 –este año fue segundo– y se trata de su décima victoria en la actual temporada. A falta de Fabian Cancellara y Tom Boonen, los dos grandes dominadores de la última década en Flandes, el león es vikingo.
El más listo, el más fuerte y el más rápido. A pesar de su condición de velocista, Kristoff no esperó hasta los últimos metros para jugarse la victoria. Salió al ataque de Terpstra en las últimas rampas del Kruisberg (17º de los 19 muros del recorrido) y se exprimió en cada relevo para administrar una ventaja que nunca superó los 30 segundos. No sabemos cómo, pero el noruego convenció al neerlandés para llegar juntos a meta. El último ganador de la París-Roubaix pareció arrepentirse en los últimos kilómetros y se mantuvo a rueda, sabedor de su inferioridad al sprint. Ni siquiera probó a Kristoff, claudicó en la llegada y se tuvo que conformar con la segunda plaza. Tercero fue Greg van Avermaet, flamenco de pura cepa, y que por segunda temporada consecutiva acabó en el podio (en 2014 fue segundo) y ya sólo le falta el cajón más alto en su palmarés.
Peter Sagan acabó vacío después de perseguir a Kristoff y Terpstra tras el último paso por el Paterberg. El cuarto puesto se antoja decepcionante para el hombre llamado a dominar las grandes clásicas de primavera, más aún en ‘De Ronde’ y ante un recorrido que se le ajusta como anillo al dedo. La otra cara de la moneda, además de Kristoff, fue Tiesj Benoot, un belga de sólo 21 años que debutó en Flandes con una meritoria quinta plaza.
Otros favoritos como John Degenkolb, séptimo, Jurgen Roelandts, octavo, Zdenek Stybar, noveno, y Geraint Thomas, decimocuarto, nunca estuvieron en disposición de luchar por la victoria. Una victoria que se jugó  en el Kruisberg, a unos 25 km de la meta. Superado el tramo de vetusto y maltrecho adoquín, Terpstra cambió de ritmo sobre el asfalto. Detrás saltó Kristoff y nadie más. Los otros gallos se vigilaron hasta el definitivo encadenado de Oude Kwaremont y Paterberg, pero ya era demasiado tarde.
La carrera defraudó. Transitó con calma relativa hasta los últimos 50 km, siempre controlada por los equipos Sky y Etixx, sin movimientos tácticos ni ataques lejanos o suicidas de segundos espadas. El que más lo intentó fue André Greipel, un ‘culo gordo’, sprinter como Kristoff, que se cansó de atacar. Nadie le respondió, la fuga nunca prosperó.
Kristoff, Terpstra y Van Avermaet, ocupantes del podio, fueron los grandes protagonistas en Oudenaarde. Ellos y el anónimo conductor del coche neutro de Shimano, un vehículo que sembró el caos en carrera. Primero golpeó a Jesse Sergent, que se fue al suelo cuando iba en fuga y tuvo que abandonar con una posible fractura de clavícula. Después embistió al coche del equipo FDJ, que a su vez arrolló a Sebastien Chavanel. Dos incidentes evitables, no como las habituales caídas que eliminaron, entre otros, a Sir Bradley Wiggins. No era su día, era el día de Kristoff, que a sus 27 años ya ha alcanzado la cima. Y en una semana espera Roubaix 

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