De todo y al final nada

el veterano padín se lleva el balón ante la presión de álex canedo (i) y rodri pedro puig
|

Como si de una frustrada carta a los reyes magos se tratase. Tantos deseos y tanta ilusión pueden hacerte el más feliz, pero también jugarte una mala pasada. Prometía espectáculo el derbi de Vista Alegre: prometía buen juego, prometía ver en acción a delanteros y equipos en racha, prometía emoción y goles. Prometía de todo y al final (casi) nada: Cerceda 0-Órdenes 0.

Desde el primer minuto, el Cerceda dijo: “aquí estoy yo”. No traicionó sus principios. Dio un paso al frente para hacerse con el mando del partido y jugó: atacó combinando y defendió presionando. El Órdenes se arropó como arropa mamá a su bebé. Solo los llantos creativos del menos bebé de todos (Padín) en consonancia con los rayos de sol de un tal Capelo presentaron el arco iris bicolor de Nacho Pacios.

Un timón. El primer regalo de la carta a los reyes mayos lo tenía José Luis Lemos. Rodri hace y deshace a su antojo. Rodri para. Rodri pasa. Rodri amaga y engaña. Rodri quiere y Rodri sabe. Él gobierna los ataques del Cerceda: acertados en los primeros compases y reprimidos con el paso de los minutos. Como las arremetidas del Órdenes duraban poco o nada, la dirección era visitante.

Los reyes no entienden de razas. Ni de colores. Ni de escudos. Nacho Pacios reclamó regalos y los encontró debajo del árbol. Pidió magia y la encontró en frasco pequeño, donde habita la esencia más pura. El tacto más sutil es Padín. El Órdenes lo sabe y le busca. Su atrevimiento y descaro es directamente proporcional a las primeras que suma cada 15 de octubre (van treinta y ocho).

La realidad es que el Órdenes neutralizó el dominio absoluto de los primeros minutos del Cerceda. Pasó a ser parcial hasta que, con el paso de los minutos, dejó de ser dominio. Fue entonces cuando el Órdenes apretó.

Nacho Pacios pidió un último deseo: ganar. Pudo hacerlo su equipo con un remate de Capelo: el balón acarició el larguero. También con otro de Álex Castro que obligó a Cristopher a lucirse. Un entrenador puede elegir cómo ganar, pero difícilmente puede certificar que ganará. Deseo incumplido.

El Cerceda vio como se desmontaba su árbol de Navidad y con él sus opciones de gol. Escoge ganar preparado, con adornos, bien vestido. Acabó desnudo, a la intemperie, luchando por sobrevivir en casa ajena. Hugo García, en la primera parte; y Remeseiro, en la segunda; fueron víctimas de dos penaltis por los que Brito Regadera no se quiso mojarse. En definitiva, de todo y al final nada.

De todo y al final nada