Fallece el pintor coruñés Jorge Peteiro a los 54 años, en su casa de O Castelo

peteiro, en su estudio, en una imagen de octubre, cuando ya luchaba contra su enfermedad pedro puig
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El pintor Jorge Peteiro fallecía ayer en su casa de O Castelo a los 54 años después de una larga enfermedad. Y muy cerca del estudio, donde pasaba horas rellenando las pequeñas leiras que delimitaba con líneas negras y gruesas. Y es que su arte era igual de minifundista que Galicia. Cada tonalidad ocupaba una parcela y el conjunto era un festival para los sentidos donde el ojo iba descubriendo nuevos matices. En cada barrido. Hasta O Castelo se desplazaban ayer sus familiares y amigos para darle el último adiós. Allí permanecerá hasta las 16.30 horas, cuando se oficiará un acto en Servisa antes de su incineración, prevista para media hora más tarde.

Decía el artista coruñés en una entrevista para este periódico que en una sola composición podían entrar hasta 500 variaciones cromáticas. Es por eso que el mundo del arte y, sobre todo, la paleta se viste hoy de negro para despedir a un mago del pincel que supo encontrar un sitio en la pintura. Con algo distinto a todo lo demás. Y paisajes como los de A Coruña, Lugo o Santiago en los que sus torres más emblemáticas despuntan como lo hace una nariz en el retrato de una persona. Junto a animales que Peteiro inventaba y que colocaba al lado de los edificios. Todo bajo una línea creativa que le llevó también a probar en el mundo de la escultura para sacar a sus personajes de las dos dimensiones. Y regalar color en lugares como la entrada del Acuario o el paseo de Sada que saludan al paseante con figuras de muchos colores.

El creador levantaba su pequeño universo con tan solo tres tubos. El rojo, el azul y el amarillo. Con estos le bastaba para tocar el resto de la gama. Desde un estudio de grandes ventanales donde se veía lo verde de O Castelo, Peteiro iba sacando adelante sus últimos encargos. De una lista interminable en la que cada día apuntaba nuevas peticiones. Entre ellas, estaba el reto de trasladar un mural a Canadá. De sus obras, Peteiro decía que no había un cuadro igual a otro y que en caso de haberlos era “como si te tocase el Euromillón”. En una forma de hacer que el licenciado de Bellas Artes fue evolucionando con el tiempo pero siempre con la misma base.

Ajeno a las corrientes artísticas, Jorge esquivaba los museos y si los visitaba, pasaba de largo por las salas. Quizás por el temor a poder ser influido por otros autores, el pintor buscaba pronto la puerta de salida para fumarse un pitillo. Y refugiarse en O Castelo. Desde donde aseguraba que el arte debía potenciar la felicidad: “Actuar sobre las partes del coco que tengan que ver con ella” porque “estamos hechos una mierda”. De ahí que no entendiese la actitud de muchos de sus camaradas: “Me quedé en una época donde andaban todos amargados contando unas desgracias horribles pero no sé a qué andan ahora”, señalaba.

Con una media sonrisa dibujada en su cara, Peteiro barajaba la posibilidad de que los artistas caminasen ahora por la senda que inició él hace años. Cuando el color hizo toc toc en su puerta. Y él lo dejó entrar. Convencido de que era lo correcto.

 

Fallece el pintor coruñés Jorge Peteiro a los 54 años, en su casa de O Castelo