Los indignados son otros y más

Un malestar profundo lleva cociéndose años en España. El de las gentes que menos dadas son a mostrarlo y a elevar tumultuariamente la voz. Pero esta ahí y cada vez aflora más. Aquí y desde hace decenios solo parecía que había enfado en los diversos indignados que pregonaban por las plazas sus variadas indignaciones. Lo han hecho tan bien que ellas se han convertido en hoja de ruta política y en ley.


Aparentemente, si uno se queda con el pasto de las redes, el pienso de las televisiones y el doctrinario de los presuntos analizadores, el nuevo cuerpo de doctrina ya ha sido asumido por los españoles.


Y no. Los síntomas de volcán bajo los pies cada vez más crecientes, aunque los interesados en no querer verlos miren para otro lado y pretendan que no existen siguiendo la metodologia de las encuestas del CIS. Sale lo que me gustaría a mi que saliera y se acabó. Eso aguanta, claro, hasta que se vota y entonces aparece lo que de veras hay por ahí. La gente, ya le pueden augurar condenaciones eternas los profetas de parte, tiene mucho más normalizado lo que hay en el panorama y por muchos asquitos que haga Adriana Lastra, le importa un pimiento los calificativos que quiera poner y el sofoco que a ella y a todos los ellos y elles les pueda suponer.


Hay sectores donde el hondo rebullir se está convirtiendo en clamor, miren al campo, y vayan con el cuento de la España Vaciada precocinada por gurus urbanitas. En la gigantesca manifestación de agrarios y cazadores, en muchas ocasiones en doble condición, no asomó ni uno solo. Por algo, muy simple, era. Por ni son ni se les quiere allí.


No deje de mirarse tampoco el factor, edad y años cotizados de verdad y no a costa de los demás. Por las partes alta y baja de la tabla demás. Por arriba y mas allá de los 50 y no digo ya de los 60, a quienes se ha querido extirpar de la vida publica, y hasta de la privada y de la propia capacidad de opinar por ser considerados como viejos desechables. La respuesta empieza a ser demoledora, y si hay una corriente hoy en creciente aumento es la del valor de la madurez y el requiso de ser adulto, tras una época de desprecio total, al igual que a la supuestamente caduca cultura del trabajo y el esfuerzo, como palanca de prosperidad. Están cada vez más cansadas la gentes de ser zarandeadas por ninis sin oficio previo aunque si mucho beneficio personal. La sistemática puerta que están recibiendo es una acelerada tendencia que no ha hecho sino que empezar, aunque ya se haya llevado la riada a unos cuantos, de uno y otro costado, muy señalados y notorios.

Hay que tener también en el punto de mira que, por el tramo contrario, empieza a pintar otro palo de la baraja que no era el habitual. Lo que han votado los más jóvenes donde por el momento han podido votar, Madrid o Castilla y León, era para que algunos se lo hicieran mirar antes de hablar.


Es un magma todavía un tanto desparramado, pero ha empezado a moverse y va determinar muchas cosas en un futuro al que se esta queriendo conducirnos y al que cada vez más dicen que no les da la gana de ir. Muchos. Diría incluso, mirando los bajos de los sondeos de opinión, que bastante mayoritarios y en aumento. Inmunes ya a la monserga y el sermón. El corrimiento de tierras ha empezado ya. Vamos, que los indignados de hoy son otros muy diferentes, con potentes razones para estarlo y me da que bastantes más.

Los indignados son otros y más

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