Los exégetas de fuera

Andan muchos exégetas interpretando lo que pasó en Galicia en las elecciones del 18-F y no reparan en las explicaciones más sencillas que suelen dar las mejores claves para interpretar los resultados.  


Así, la mayoría absoluta del PP no fue debida a que sus votantes se hayan vuelto fachas de repente o a que los gallegos sean ignorantes “y no saben votar”, como escriben algunos comentaristas que nada conocen de Galicia, ni de los gallegos. Esa mayoría de los populares se explica porque los votantes hicieron suya la máxima que rige la vida de muchos paisanos: “si estás ben, non te movas” y la mayoría piensa que está bien.


Todo tiene margen de mejora, pero la economía funciona, la industria, la educación, la sanidad y los servicios están razonablemente bien gestionados y, por eso, el 47,36% optó por seguir confiando en un gobierno de derechas. Vistos los resultados, la mayoría de los gallegos no se sienten mal gobernados, ni percibieron un retroceso de Galicia en las legislaturas anteriores, como decía la oposición.  


Tampoco la debacle del socialismo fue debida a que los gallegos tengan inquina a este partido y a la socialdemocracia. Sus malos resultados hay que imputarlos a la falta de proyecto del partido para Galicia, a un mal candidato que se entregó al presidente Sánchez que en Galicia no suma por su falta de credibilidad y al mismo presidente del Gobierno que sacrificó a su candidato y entregó el partido al nacionalismo para alcanzar dos objetivos: arrebatar la Xunta al PP y acabar con Feijoo como líder de la oposición y alternativa de gobierno. Esta es la “lectura nacional” de los comicios.  


El ascenso espectacular del BNG no significa que sus nuevos votantes se convirtieran al nacionalismo. Ganó escaños a costa del PSdeG, pero son votos de ida y vuelta. La poderosa izquierda mediática presentó a su candidata como un dechado de virtudes políticas situándola en el centro del tablero político pero, en opinión muy compartida, aunque se presente con cara dulce y amable no llegará a la presidencia de la Xunta mientras no desprenda al partido de las propuestas radicales y de las malas compañías políticas que aquí no se ven con buenos ojos.


¿Y los demás? Democracia Orensana aparte, una anécdota irrelevante, Galicia no quiere en su Parlamento más siglas cuyo objetivo es cobijar a personas que buscan empleo en la política, pero no encajan en la idiosincrasia del pueblo gallego. La izquierda extrema, igual que la extrema derecha, se presentaron como una “confederación” de siglas indigerible en una clara expresión de minifundismo político.


Que sepan los exégetas que los gallegos no son fachas, ni nacionalistas, ni tienen aversión a la socialdemocracia. Sencillamente, los gallegos tienen criterio propio a la hora de votar.

 

Los exégetas de fuera

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