La España cuestionada

La XV Legislatura constitucional echa a andar con pies de barro. Si no había suficientes elementos de convicción respecto a la negrura del horizonte que le espera a esta nueva temporada del régimen del 78, basta fijarse en la ausencia de los diputados independentistas y republicanos.


Se sintieron obligados a plantar al Rey porque -dicen- no es el suyo. Lo cual me paree antidemocrático, injusto, infantil y supremacista. Pero mucho peor que todo eso, e igual de absurdo, es ganarlos en bloque para la causa de la gobernabilidad del Estado. Con semejante aberración carga el Gobierno para llevar a cabo su compromiso “progresista” de conseguir una España mejor.


¿Una España mejor con la ayuda de quienes no quieren ser españoles (independentistas) o quieren serlo previa cancelación de la Monarquía Parlamentaria, que es la institución que corona el régimen de libertades en la igualdad y pluralismo tan trabajosamente conseguido tras la larga noche de la dictadura franquista? Respondan ustedes mismos.


Estar contra el Rey, símbolo de la soberanía nacional expresada libremente en las urnas, es estar contra el vigente orden institucional. Así que podemos hacernos una idea del caso que esas fuerzas políticas de base parlamentaria (minoritarios, claro) habrán hecho a los llamamientos de Felipe VI a honrar el espíritu de la Constitución, respetándose y cumpliéndola, porque es “el alma de nuestra democracia”.


A la luz de esa obviedad proclamada por el Rey en su discurso de apertura oficial de la Legislatura, me permito insistir en que la decisión de los diputados independentistas, plurinacionales y republicanos, de no asistir a la sesión del miércoles, fue profundamente antidemocrática.


Protocolario o no, cualquier evento que tiene lugar en el Congreso es una expresión más de la soberanía nacional, como resultado de la voluntad mayoritaria de los españoles. Así se forma una soberanía nacional única y no parcelada en un régimen de mayorías. Por tanto, no se puede alegar, al decir de los independentistas que “este no es nuestro rey”, porque la Monarquía no se votó aparte. Ni el Estado de las Autonomías. Ni el sistema electoral. Es como si los diputados de la derecha decidieran ausentarse de los actos oficiales en Cataluña o Euskadi presididos por Aragonés o Urkullu porque “no nos sentimos representados en el lendakari o en el president”.


Este es el absurdo de la ausencia de esos diputados. Absurdo e infantil. Se sienten especie protegida en complicidad con el actual Gobierno de la nación. 

La España cuestionada

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