miércoles 23.10.2019

Reportaje | La librería O Moucho migra para siempre de la Ciudad Vieja

Hace un mes que la verja no se levanta. Nadie la toca desde que el calendario cambió de dígito. Con 2018, un “moucho” de papel hizo las maletas. Migró a otra zona, quizás, movido por el entorno.

El negocio se cerró con el cambio de año | quintana
El negocio se cerró con el cambio de año | quintana

Hace un mes que la verja no se levanta. Nadie la toca desde que el calendario cambió de dígito. Con 2018, un “moucho” de papel hizo las maletas. Migró a otra zona, quizás, movido por el entorno. Y es que el encargado de la librería de segunda mano, José Ramón Basanta, comentaba en los últimos inviernos que muchos de sus clientes arribaban en coche y que la restricción de tráfico podría jugar en contra de su paraíso de celulosa. Se desconoce la razón exacta, pero con él, se va uno de los comercios míticos de la parte más antigua de la ciudad con más de 30 años en el dni y cama para 14.000 ejemplares de toda raza y condición. Allí, los amantes de los tomos con solera podían encontrarse libros de corte religioso de 1800, revistas como “Letras”, que en 1951 costaba seis pesetas, o la poesía completa de Rimbaud junto a las novelas de Vargas Llosa o números de “El víbora”, apilados en estanterías y una central improvisada que pedían tiempo al visitante. Basanta les dejaba libertad para recorrer los 70 metros cuadrados de oportunidades de pe a pa.
La mayoría eran caras conocidas, pero contaba que siempre había un sector joven que venía a por títulos que les exigían en la ESO, junto a vendedores con mercancía de la que liberarse. Entonces el “moucho” abría las alas y se hacía con más familia que acunar. Desde hace un mes que el dueño del bajo tiene un letrero puesto. Sin embargo, apenas recibe ofertas y lo que en su momento también fue bar por la otra parte, que incluye un altillo, espera el momento en que vuelva a dar vida a una atalaya de piedra que no acaba de arrancar.
Lo dice el presidente de la asociación vecinal, Pedro Fernández: “Llevamos años en un estado de decadencia lenta”. Quizá la de O Moucho no sea la ubicación ideal, en plena cuesta de la calle de la Amargura, pero pasear por allí y ver aquella casa llena de libros en los que refugiarse, daba una imagen cálida de un 15001 que aspira a reiventarse.
Es por eso que el Gobierno local tiene encargado un estudio que le dé pistas acerca de qué sectores pueden cuajar con éxito y cuáles no. La decadencia se palpa. Cada vez son menos las verjas que hacen ruido a primera hora de la mañana.

Comentarios