viernes 15/1/21

Chabolistas de Penamoa tratan de instalarse en la casa ocupada de A Silva

Los jóvenes antisistema impidieron que entraran hasta la aparición de la Policía Local, que se llevó a los pobladores
Los okupas de Residencial Finisterre, en A Silva, sufrieron ayer el primer asalto a lo que es su vivienda, y no de las fuerzas de seguridad, sino de sus vecinos de Penamoa.
Los chabolistas tuvieron que retirar sus pertenencias del inmueble de Fontenova                                   susy suárez
Los chabolistas tuvieron que retirar sus pertenencias del inmueble de Fontenova susy suárez

Los okupas de Residencial Finisterre, en A Silva, sufrieron ayer el primer asalto a lo que es su vivienda, y no de las fuerzas de seguridad, sino de sus vecinos de Penamoa. Según reconocen los propios antisitema, entre seis y ocho sujetos de etnia gitana trataron de penetrar en el edificio para seguir el ejemplo que ellos dieron hace quince días, al ocupar el único edificio finalizado del proyecto de Teconsa en Fontenova. Los quince jóvenes se enfrentaron –solo verbalmente– a los chabolistas en una discusión que solo finalizó con la aparición de la Policía Local. Varias patrullas hicieron acto de presencia y se llevaron a los chabolistas a la comisaría de la Policía Nacional en Lonzas, donde se les identificó a todos antes de ponérseles en libertad.

Los okupas se dedicaron a fortificar las entradas del edificio en previsión de nuevos intentos

En cuanto a los okupas, permanecieron en su nuevo hogar. No deja de ser irónico que la Policía interviniera para llevarse a los chabolistas y en cambio los jóvenes puedan permanecer en el edificio, pero es que los agentes municipales no pudieron hacer otra cosa que cumplir la ley, que protege a estos residentes. Como ellos mismos hacen ver en el cartel colgado a su puerta, los artículos 545 y 533 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal avala que entrar en su recién ocupado domicilio supondría un delito de allanamiento de morada. Esa es su casa, por lo menos hasta que un juez determine lo contrario.

Sin embargo, son conscientes de que la ley quizá no baste ante los chabolistas. “Les dijimos que nosotros estábamos aquí y que tenían que buscarse otro sitio”, señala uno de los jóvenes; pero, en previsión de que tampoco la regla de “yo llegué primero” sea suficiente, nada más desaparecer los chabolistas de Penamoa en los coches patrulla se pusieron a fortificar las entradas del edificio. Es una tarea en la que el movimiento okupa tiene experiencia, y durante toda la tarde el martillero fue incesante. Cuando se puso el sol, el bloque residencial ya era una fortaleza.

Ultimátum > El de ayer es el primer movimiento que hacen los habitantes de Penamoa después del anuncio, el mes pasado, de que el día 20 será el último de vida del núcleo chabolista. Hasta entonces, de las cinco familias que aún quedan repartidas en ocho infraviviendas no había partido ninguna iniciativa y solo un residente pensaba hacer las maleta para marcharse antes de que las excavadoras lleguen. Eliseo, que pasa por ser el primer poblador de Penamoa, será también el primero en irse. El resto no lo tiene tan claro y no piensa irse más que cuando le obliguen. Sin ayudas sociales, sus opciones son limitadas, de ahí que decidieran seguir el ejemplo de los okupas.

En el fondo, muchos de ellos esperan que el anuncio acabe en una falsa alarma, como ocurrió con el anterior ultimátum, el del 28 de febrero. Entonces sí acudieron funcionarios a la puerta de sus chabolas para comunicarles que debía abandonarlas con un mes de antelación. Pero el día llegó, pasó y no ocurrió nada, con lo que los pobladores más optimistas esperan que la historia se repita, aunque saben que, si no es este mes, será para otro y los ánimos crispados por la espera se vuelcan en el resentimiento hacia los Servicios Sociales del Ayuntamiento.

Todas las familias que quedan, menos una, son de origen portugués, pero llevan más de 25 años residiendo en las infraviviendas desde donde se domina toda la ciudad. Constituyen lo que los vecinos de O Ventorrillo denominan el “núcleo duro” de Penamoa, y sobre ellos recaen las sospechas sobre el tráfico de drogas que hizo famoso al mayor núcleo chabolista de Galicia.