Hola, soy el coronavirus...

Nuestro virus más cariñoso, ese que se resiste a abandonarnos por más medios que pongamos para que se vaya para nunca volver, está de nuevo pidiendo que le hagamos casito. Después de haber sido el centro de nuestras vidas, nuestro principal y casi único tema de conversación, lo primero en lo que pensamos al despertarnos y el motivo de nuestros desvelos, ahora le hacemos el vacío. Y está dolido, claro. Cuando nos quitamos la mascarilla quiso ver en nuestra liberación facial un gesto de amor hacia él, que podría saltar de unos a otros con total facilidad. Y ni por esas volvimos a darle la relevancia que merece. Volvimos a las rutinas prepandemia como si no hubiera pasado nada en estos dos años y pico. Y eso sí que no. Normal que el bicho está desatado, infectando a los pocos que quedaban por caer y ofreciendo segundas y hasta terceras experiencias a los que pasaron la enfermedad hace ya tiempo. Aunque solo sea por lo que se lo está trabajando, deberíamos volver a tenerlo en nuestras oraciones.

Hola, soy el coronavirus...

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