EBAU | Distintos nombres, los mismos miedos y costumbres

Una de las aulas de la Universidade de A Coruña en el momento de inicio del primer examen de EBAU | patricia g. fraga

Hay 3.496 formas de contar cómo se afronta una prueba EBAU, o lo que en la cultura popular todos seguimos conociendo como Selectividad: Una por cada estudiante que en tres días debe demostrar aquello para lo que ya fue validado en Primero y Segundo de Bachillerato. Sin embargo, parece como tirar un penalti o un tiro libre en un estadio vacío o hacerlo con la presión de un estadio lleno como visitante: no se trata de saberlo, sino de que el método le gane la batalla a los nervios. En la jornada de ayer, esos más de tres mil potenciales universitarios que acudieron a las pruebas en la Universidad de A Coruña, 2.692 en el campus de la capital herculina, vivieron el día para que el que llevaban meses preparándose.


La primera prueba no fue siquiera un examen. Antes de la presentación, prevista para las 9.00 horas, todos los accesos a la ciudad se colapsaron. Desde Alfonso Molina, Arteixo u Oleiros arribaban hordas de coches con padres nerviosos aunque con aparente calma, y con jóvenes intentando repasar una última lección exprés. Todos, como casi siempre, llegaron en hora.


La que puede calificarse de primera EBAU postpandémica no tuvo nada de revolucionaria y sí mucho de rutinaria, más allá de la distancia entre alumnos o la ventilación. 170 personas velaron por darle normalidad a la sesión, y en las instrucciones previas se recordaron obviedades como la prohibición del uso del móvil o el funcionamieno del sistema de identificación. Para Nerea Lema, del IES Monelos, verla la cara a algunos compañeros de clase fue lo más curioso del día. “Había gente a la que todavía no le había visto la cara”, confiesa la aspirante a universitaria, que si bien esperaba una jornada más dura lamentó no haber tenido una mejor organización: “Necesito subir nota una bestialidad para poder entrar en Educación Primaria, pero un poco por mala organización en las semanas anteriores no pude estudiar como debería”.


Historia de España, el debut

Historia de España y Lengua Castellana y Literatura fueron las troncales para abrir boca. Una hora y media por examen que dio para comentarios de todo tipo. Mientras casi todos sus compañeros intentaban apurar el tiempo, Manuel Rodríguez, del IES Monte das Moas, esperaba en solitario en la puerta de la Facultad de Derecho. Le sobraron tiempo y argumentos. “No estudié casi nada, pero tampoco necesito la EBAU”, comenta. “Siempre es buena tenerla hecha, aunque para hacer Publicidad me llega”, añade. Respecto a los contenidos, la pregunta sobre la crisis de la Restauración borbónica no sorprendió en exceso. La actualidad suele ir de la mano, a juzgar por los antecedentes. En cambio, el siglo XIX y el ferrocarril hicieron daño.


Pablo Manuel Otón de Zalaeta, por su parte, tiene unos nervios proporcionales a lo intenso de su preparación. En unos meses espera volver a Derecho ya como alumno. “Estaba bastante nervioso, incluso con taquicardias, pero incluso el ambiente hace que uno esté así”, dice, tras haber dormido hasta las seis de la mañana y levantarse a repasar. “Me cayó justo lo que leí en la mañana”, añade aliviado. Atrás quedan unos meses previos de encierro en biblioteca, clases particulares de latín y economía. “Necesito un 5,5 sobre 8”, calcula. Como todos, el 60 por ciento del trabajo lo tiene hecho. Faltan dos días y otro 40.

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