La Ciudad Vieja de A Coruña: donde los coches no saben si suben o bajan

La Ciudad Vieja de A Coruña: donde los coches no saben si suben o bajan
Un coche circula por la Ciudad Vieja a la altura de Nuestra Señora del Rosario| Patricia G. Fraga

La circulación y el tráfico rodado se han colocado a la cabeza de las prioridades y las preocupaciones de los vecinos de la Ciudad Vieja, a pesar de que únicamente los residentes y los profesionales pueden usar sus vehículos. Y es que, especialmente en el caso de los que acceden por trabajo, las calles parecen haberse convertido en una especie de zona sin ley, abierta a la libre interpretación de las direcciones y el sentido de cada calle. A juicio de los más longevos de la zona, eso se debe a la falta de señalización específica, lo que da lugar a confusión. 


Se trata de la consecuencia del desgaste y el paso de los años, y la falta de reposición de las señales que se han ido perdiendo. Al menos esa es la teoría que mantiene la asociación vecinal de la Ciudad Vieja. “No hay señales y la circulación no tiene ningún tipo de criterio: los conductores circulan muchas veces en dirección contrario, como es el caso de cuando cruzan la plaza de Azcárraga”, advierte Leonardo Méndez, presidente de la agrupación. “Las señales que había en su día se han quitado y no se han repuesto, así que la gente toma las calles según les parece. Como peatón uno ya se acostumbra a mirar a ambos lados para poder cruzar la calle”, añade. 


Problemas 

Más de cinco años después de las restricciones a la circulación en la Ciudad Vieja, son varios los aspectos que todavía distan de convertir la zona en el espacio idílico que imaginaron los vecinos. Una de las claves, según explican, es la necesidad de depuración de la tarjeta de acceso y un padrón más actualizado. 


“Hay 1.600 vehículos autorizados a circular por la Ciudad Vieja, y nosotros calculamos que hay entre 400 y 500 residentes con derecho. En 2015 eran 600 los vehículos, por lo que el ritmo de autorizaciones ha crecido a unas 100 por año”, lamenta el presidente vecinal. “No se hace un control anual de qué vehículos tienen derecho y cuáles no, por lo que pedimos que se realice una depuración del listado”, agrega Méndez .


Ese medio millar de coches de residentes con licencia para acceder al barrio tampoco lo tiene fácil a la hora de aparcar cerca de casa. La alternativa de la zona de la Maestranza se esfuma, en este caso por la falta de civismo de aquellos no residentes que se saltan la obligatoriedad de la tarjeta. “La Maestranza se ha convertido en un leira parking, con los coches en la mitad de la calzada y cada día hay diez o doce coches sin tarjeta subidos a la acera o aparcados en línea amarilla”, denuncian los vecinos.


Control con cámaras 

Se las prometían muy felices en la Ciudad Vieja cuando, a comienzos de año, comenzó la instalación de dos cámaras del total de once que deben controlar los accesos a la zona. Sin embargo, los problemas de suministro han obligado a la proveedora a pedir una prórroga de los plazos.


“Al menos nos sirven de elemento disuasorio las dos que están instaladas”, finaliza Méndez, que espera tener una reunión con Movilidad para plantear todas las cuestiones relativas al tráfico. Está previsto que en el próximo año las ansiadas cámaras sí realicen su labor al completo. 
 

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