Blanco sobre negro

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El Banco de España publicó el viernes sus nuevas previsiones sobre la evolución de la economía española este año y los próximos. La primera idea, a la luz de los datos que maneja el organismo, es que España va a tardar cinco años en superar la brecha abierta por la pandemia del coronavirus o lo que es lo mismo, un lustro perdido para el crecimiento. Mientras, el Gobierno insiste en que la recuperación estos últimos meses del año está siendo muy intensa, el banco emisor prevé que el aumento del PIB este 2021 se sitúe en el 4,5% frente al 6,5% previsto por el Gobierno y en 2022 el 5,4% frente al 7% de los PGE. La vicepresidenta Calviño sigue aferrada a sus previsiones, como vemos muy alejadas de éstas y de todas y cada una, no menos de 25, que se han ido conociendo en las últimas semanas.


La principal causa de esta ralentización es la estrepitosa caída del consumo que pronostica el informe. Una bajada a plomo, ya que el anterior preveía un crecimiento del 9,6% y ahora la estimación es apenas del 4,3%. La energía, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo tanto de rentas salariales como de los ahorros, que ya se ha llevado por delante al menos 30.000 millones de euros, está detrás de este desplome. Unos no gastan por precaución y otros no pueden. Otra causa que lleva al Banco de España al pesimismo es la lentitud en la ejecución de los fondos europeos, que iban a ser un acicate para el crecimiento y las reformas y que de ninguna manera está saliendo como se esperaba.


La pregunta sobre qué espera el Gobierno para actualizar sus previsiones no tiene una respuesta coherente de momento. Aferrarse a un cuadro macroeconómico que hace aguas por todos lados ya lo vivimos en la etapa de Zapatero, Solbes y Salgado. Y ya vimos cómo acabaron. Engañar a todo el mundo todo el tiempo es complicado. Te dura hasta que la realidad te poner en tu sitio y tampoco queda mucho para que eso suceda. ¿Qué explicación nos darán entonces? Y sobre todo ¿qué piensa hacer el Gobierno para revertir el desastre de gestión? Ya sabemos que hay causas exógenas que no dependen del Gobierno, pero este episodio de alta inflación, falta de suministros o energía cara lo están viviendo muchos países y no les está afectando de la misma forma. Podrían en el Gobierno empezar por preguntarse qué están haciendo esos países bien y qué estamos haciendo mal nosotros. Igual llegan a la conclusión de que poner palos en la rueda de las empresas, subir los impuestos y seguir gastando como si no hubiera mañana no es lo mejor que se puede hacer en estas circunstancias. ¿Veremos cambios en los próximos días? Me permito dudarlo.

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