Y de repente nos encontramos de nuevo con el IPC

Una persona cambia una bombilla | aec
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A estas alturas resulta prácticamente imposible determinar cuál es el crecimiento real del precio de la luz. Eso sí, casi todo el mundo lo sitúa en torno a un 60%. Evidentemente este brutal incremento es en buena parte responsable del incremento del IPC, ese índice del que ya casi nos habíamos olvidado y que durante el pasado mes se disparó hasta el 5,4% y marcó su máximo en 29 años. Y la energía es la culpable directa e indirectamente. De un lado por su aportación al incremento del gasto de los hogares, del otro, por la subida del coste de todos los procesos de producción que, al final, se termina repercutiendo al consumidor final. Y todo esto nos llega en el peor momento. Estamos en la tormenta económica perfecta, sin haber superado la crisis primigenia nos hemos visto envueltos en la que ha provocado el covid y, por el medio, nos hemos encontrado con otra de suministros. Hace falta ser o muy optimista o muy loco para ver el vaso medio lleno. Solo nos falta saber en cuál de los grupos meter a Pedro Sánchez.

Y de repente nos encontramos de nuevo con el IPC