Revivir a ETA

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Hace diez años, ETA comunicó que dejaba su actividad criminal. No lo expresó de esa manera, porque su mundo siempre se ha construido a base de burdos eufemismos. Esta semana hemos conmemorado aquella fecha que supuso la culminación de un doloroso proceso que dejó un rastro de muertes, secuestros y extorsiones que segaron la vida o la hicieron imposible a miles de personas situadas en el centro de su diana asesina e inoculó a su vez en toda la sociedad un miedo que se extendió y fue paralizante durante mucho tiempo.


Esa es la cara negra de aquella historia. La positiva fue que aquella sociedad se sacudió finalmente el miedo ante la escalada de su locura y acabó reaccionando. Y que esa reacción colectiva, en el País Vasco y en el resto de España, acabó acorralando a una banda terrorista que ya estaba diezmada por eficaz actuación de jueces y policías que nunca cejaron en su empeño.


Así que lo que sucedió aquel 20 de octubre de 2011 no fue el generoso gesto del asesino que decide perdonar la vida de su víctima, fue la constatación de su derrota tras décadas de crímenes sin haber conseguido ni uno solo de sus objetivos, salvo el de matar. Y esta fecha, diez años después, debería haber sido de recuerdo y homenaje a las víctimas, sí; de reflexión sobre los pasos que aún debemos dar para acabar de cicatrizar las heridas abiertas, también; pero sin olvidar que una década despojados de la mochila de la violencia terrorista también es un motivo de celebración que a todos nos concierne, porque todos la sufrimos y entre todos fuimos capaces de acabar con ella.


Pero no ha sido así. En los últimos días hemos contemplado cómo ETA ha sido usada como arma arrojadiza para el reproche político por parte de la derecha hacia el Gobierno, cómo se ha minimizado la declaración de Arnaldo Otegi, tardía e insuficiente, sí, pero significativa, y cómo ni el Senado ni el Parlamento Vasco han conseguido sacar adelante declaraciones institucionales para conmemorar esta fecha por falta de unanimidad. Y es verdaderamente desolador que ni siquiera en esto y en este momento sean capaces de ponerse de acuerdo, como si ETA siguiera aún viva cuando, felizmente, lleva diez años muerta.

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