Costaleros de Sánchez

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Los poco recomendables socios presupuestarios de Sánchez, Bildu y ERC, de aversión declarada al principio constitucional de soberanía única e indivisible, coinciden estos días en proclamar su estratégico acercamiento al Gobierno de coalición PSOE-UP y en apostar por su continuidad en las próximas elecciones generales. No ocultan sus motivos. Se encierran en uno: impedir el salto de la derecha al poder y, en consecuencia, aumentar las posibilidades de avanzar en sus respectivos objetivos secesionistas.


Los testimonios son indubitables. El líder de Bildu, Arnaldo Otegi, tras su acto de contrición por el terrorismo de Eta (lamentar el dolor causado, pero ni arrepentimiento, ni condena, ni colaboración con los jueces en crímenes pendientes de esclarecimiento, ni renuncia a homenajear a los gudaris que vuelven de la “guerra”), relaciona su apoyo a Sánchez con favores que de ninguna manera podrían esperar de un Gobierno del PP.


Más explícito ha sido Oriol Junqueras, líder de ERC, en que su partido hará todo lo posible por impedir un eventual salto de la derecha al poder. “No tenemos ningún interés en la caída de este Gobierno porque la alternativa sería la ultraderecha”, dice, mientras otros dirigentes del partido explican que si eso ocurre “nunca sería por culpa de ERC”.


En cuanto a la versión vasca de lo mismo, aún resuena la temeraria relación establecida por el líder de Bildu, Arnaldo Otegi, entre el apoyo de sus 5 escaños a los PGE para 2022. De esos marcos mentales de la izquierda abertzale cuelga el supuesto político que no dejara de estar presente en sus acciones: Sánchez debe estar al menos seis años más en el poder para llevar a cabo el plan de excarcelación de 200 presos etarras. “Si para eso hay que votar los PGE, pues se votan”, ha dicho Otegui.


Es verdad que Sánchez subió el volumen en sede parlamentaria con su “no es no” a esa pretensión de Otegi. Según el presidente del Gobierno, jamás se prestará semejante pacto de excarcelación de presos por apoyo presupuestario. Pero también es verdad que, si nos atenemos al grado de cumplimiento de sus compromisos, los antecedentes no le favorecen. Con no menos contundencia dijo en su día que nunca concedería el indulto a los condenados por el “proces”. Aunque rectificase para acertar, en mi opinión, eso no desmiente a sus reiteradas violaciones del salmo cervantino que utilizó en el reciente congreso federal del PSOE: “Trabajemos para que nuestros hechos estén a la altura de nuestras palabras”. Mas nos vale que así sea, de modo que la apuesta de Bildu y ERC por la continuidad de Sánchez no venga a suponer un refuerzo de las tesis defendidas por quienes buscan la voladura del régimen del 78 y, de hecho, ya están gobernando junto al PSOE.

Costaleros de Sánchez