A Otegi se le cae la piel de cordero antes de lo que esperaba

Otegi, en una conferencia política con su gente de Bildu | EFE
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Acabáramos. No nos habíamos pasado de desconfiados ni los malos se habían vuelto buenos de repente. Todo el teatro de Otegi hablando sobre su compromiso para aliviar el dolor de la víctimas de ETA –ahora ya podemos decir que era puro teatro– era, al parecer, la preparación para tener al Gobierno blandito y soltarle la bomba de que le daría su apoyo a los Presupuestos con la minúscula contrapartida de que liberase a los doscientos presos etarras que están en las cárceles. Esto es lo que le habría dicho a los militantes de Bildu con los que tuvo un encuentro al día siguiente de esa sentimental declaración que recordaba vagamente a humanidad. Hay quien piensa que ante los suyos Otegi tuvo que recular para que no se le echasen encima y hay quien cree que, simplemente, no contaba con que el mensaje interno fuese a ver la luz. En cualquier caso, pinta fatal. Lo único bueno que podemos sacar de todo esto es que no hemos perdido el instinto que nos permite distinguir a los lobos por más que pretendan vestirse con piel de cordero.

A Otegi se le cae la piel de cordero antes de lo que esperaba