¿Y la bandera nacional?

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"Orgullo de país, orgullo de España”, decía Pedro Sánchez en su discurso de clausura del 40 congreso del PSOE, en su repaso a las políticas llevadas a cabo para doblegar al virus, salvar medio millón de vidas (no habló del método empleado para calcularlo) y arropar a las personas más vulnerables durante una pandemia que, según él, han hecho reconocibles a un partido y un Gobierno que cumple su palabra.


Lo expuso como una prueba más del compromiso de su partido frente a los problemas del país. “Nos acusan de ser malos patriotas, pero si hay un partido que ame a España ese es el PSOE”, dijo ante las 9.000 personas que llenaban el recinto el domingo pasado. Sin embargo, a nadie le pasó inadvertida la ausencia de banderas nacionales en la estética congresual, como si fueran incompatibles con el escenario montado en Feria Valencia, a mayor gloria de Sánchez.


Es como si ya se hubiera decidido dar por buena la apropiación de la bandera de España por parte de la derecha y la ultraderecha. Con el recuerdo aún fresco de los abucheos al presidente del Gobierno de gente que agitaba banderas nacionales en el desfile del Día de la Hispanidad, es una mala noticia que, sin embargo, en la mente de Sánchez solo sugiere el razonamiento de que el patriotismo se demuestra en las declaraciones de la renta y no en los insultos del 12 de octubre.


Además de reclamar su patriotismo, Sánchez reivindicó la fortaleza de la Socialdemocracia para resolver los problemas de la gente y no dejar a nadie atrás. Son señas de identidad de la izquierda, Sin embargo, con motivo de celebrarse el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, hemos sabido (informe Arope) que una cuarta parte de la población española (25,3 %) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.


Vemos que tanto el patriotismo de Sánchez como la fortaleza de las ideas socialdemócratas (“salud de hierro”, dijo) no acaban de encajar en los resultados contantes y sonantes de lo uno y de lo otro. Lo cual nos obliga a cuestionar el salmo cervantino que se aplicó a sí mismo: “Trabajamos para que nuestros actos estén a la altura de nuestras palabras”. Convendrá tenerlo en cuenta por si, llegado el caso, tenemos que pasarlo al cobro de las futuras actuaciones de Sánchez y su Gobierno.


En la espectacular escenificación de la unidad interna del partido tuvo mucho que ver la presencia en el congreso de los tres antecesores de Sánchez en el liderazgo socialista: Felipe González, Joaquín Almunia, Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. El cuarto, en espíritu. Pero los cuatro hicieron creíble esa unidad reconquistada desde aquellas elecciones primarias que dejaron en la cuneta a la entonces líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, quien, por cierto, también se han unido a la fiesta del cierre de filas en torno al reelegido Pedro Sánchez.

¿Y la bandera nacional?