Socialistas

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Los congresos del PSOE ya no son lo que eran. Nada es lo que era por imperativo del calendario, claro, pero en este caso es verificable el retroceso en materia de confrontación política e ideológica. Ni lo uno ni lo otro veremos en el conclave que acaba de arrancar en el espacio Feria Valencia bajo la presidencia de Ximo Puig. Antes se discutía. Ahora se marca el paso. Aunque con una vaga apariencia de debate interno, el desenlace está previamente elaborado por el secretario general y su estado mayor. Con un objetivo lógico: reforzar la sensación de que a las próximas convocatorias electorales los socialistas van sobrados de líder, partido y programa para salir airosos. Dos ideas fuerza. Una, la unidad del partido, visualizada en las imágenes que protagonizarán los barones socialistas con Sánchez y los exlíderes del PSOE con Sánchez, en sendas fotos de familia. Otra, la fortaleza de la Socialdemocracia, declarada en la ponencia política y subrayada por la presencia de lideres europeos de esa familia ideológica.

Se avecina una espectacular puesta en escena a mayor gloria de Sánchez y en función de los retos electorales de 2023. Sin alteraciones relevantes en asuntos de fondo, como la reforma de la Constitución, el modelo de Estado, la desafección institucional de la ciudadanía o el llamado “conflicto catalán”. Hay un interesante bloque de propuestas sobre el futuro de la Corona y llama la atención el volquete de enmiendas que exigen mayor transparencia en el funcionamiento de la Casa del Rey. Sobre ellas planea la sombra del comportamiento nada ejemplar del rey emérito. Pero resulta chocante que la saludable rendición de cuentas que se exige a Felipe VI, a la vista de los malos precedentes por la conducta de su padre, no guarde una proporción razonable en exigencias similares a Sánchez.

Es verdad que en la ponencia se aclara que las demandas de regeneración y ejemplaridad “interpelan a todos los niveles de gobierno e instituciones del Estado”, pero se echan en falta enmiendas concretas en ese sentido. No ya en relación con la transparencia en sus actuaciones. También en relación con sus resultados políticos en perspectiva socialista. No diré que España vaya camino de la quiebra, según la temeraria profecía de Pablo Casado, pero parece lógico pedir explicaciones a un Gobierno de izquierdas que durante su mandato vio aumentar las colas del hambre, el paro juvenil, el recibo de la luz, el precio de los alquileres, etc.

Muy socialista no parece que durante estos últimos tres años hayan alumbrado un PSOE menguante en las encuestas y una España económicamente más endeudada y más pobre (2,5 millones de pobres más después de la pandemia, según el informe Foessa), socialmente más desigual y políticamente más reñida.

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