Un bono que se aprende a apreciar con los años

Pedro sánchez, al que le encanta dar buenas noticias, fue el encargado de anunciar la puesta en marcha del bono cultura para los jóvenes | efe
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Si a muchos de los que ahora tienen que hacer malabares con los horarios para ir al cine o no son capaces de abrir un libro porque caen desmayados en la cama al acabar la jornada les hubieran regalado un bono cultura a los 18 años, probablemente les habría parecido inútil. Pero vamos a confiar en que las nuevas generaciones sean más sabias y sepan ver el lujo que supone disponer de cuatrocientos euros para gastar en librerías, cines, teatros o conciertos en una época en la que se pueden disfrutar. Ahora que parece que la cultura vuelve a ser algo de lo que enorgullecerse –a ciertas edades, que uno lea puede provocar más burlas que alabanzas– la idea del Gobierno de fomentar estos hábitos es una apuesta de futuro. Facilitar que los jóvenes se acerquen a la cultura es crear futuros consumidores para toda la vida. Y, de paso, le echa una mano al sector, que buena falta le hace después de estos dos últimos años.

Un bono que se aprende a apreciar con los años