Llenar plazas de toros y esas cosas

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Para nada comparto, desde luego, las tesis que, sobre todo desde sectores a la derecha de este partido, han criticado la convención que el PP ha desarrollado de manera itinerante por varias ciudades hasta desembocar en el ‘fin de fiesta’ de la plaza de toros de Valencia. No sé si los oradores han sido en todos los casos los más convenientes, pero quede eso a juicio de cada cual. Lo cierto es que hay como un ánimo de fiesta en todas nuestras formaciones políticas que es un síntoma de que necesitan reafirmarse, como tomando impulso para lo que viene.


Los mítines en las plazas de toros pueden significar, si usted lo quiere ver con ánimo positivo, un regreso a la vieja normalidad, cuando parecía obligado poner fin a las campañas electorales con un acto masivo en algún coso o polideportivo. Cierto, ahora no estamos –¿seguro?– en campaña, pero eso viene siendo lo de menos.


No es solo el PP el que se repiensa –aunque no he visto conclusiones significativas de estas jornadas peripatéticas–. Desde el PSOE, ya a punto de iniciar su congreso, hasta Ciudadanos, que va a celebrar una especie de ‘jornada europea’ con invitados liberales europeos, pasado por Unidas Podemos, que trata de salir de la atonía y quizá irse preparando para una ‘convergencia’ en la que hasta tenga que desaparecer el nombre de esta formación, todos andan como de cónclave algo jaranero.


Lo malo es que da la sensación de que a algo nuevo, quizá más alentador –porque menos no podría ser–, se trata de llegar, pero la verdad es que, más allá de la pirotecnia y de los aplausos de los propios, poco realmente innovador es lo que sacamos en claro de tanta algarabía política. Da la sensación de que los partidos, todos los partidos, se esfuerzan en escucharse a sí mismos, pero no oyen el clamor de gentes que les pide hacer cosas diferentes, ensayar nuevos acuerdos.


Hay quienes ponen el acento más fuerte en las culpas del Gobierno, y en concreto de su presidente. No sé si con ello basta para explicar que la trayectoria de la nación siga siendo la misma. Para ser sinceros, aprecio una voluntad en el partido gobernante (solo en el mayoritario, conste) por incrementar sus trabajos, pensando seguramente en el bien de la ciudadanía, o al menos de parte de ella, pero, desde luego, sin la ciudadanía. En la oposición mayoritaria se percibe un deseo de hacer calar sus mensajes en la sociedad, lo que no siempre, acaso por dispersión de los mismos, se consigue.


Y en esas estamos, mientras se organizan encuentros paralelos, por ejemplo los de Felipe González en conversación con Mariano Rajoy, que suscitan elogios unánimes en sectores de la derecha (y de la izquierda templada), para los que, olvidando viejas críticas, el pasado siempre fue mejor. Lo importante, sin embargo, es, ya digo, pensar en un futuro distinto, más que en reformar el pasado. Y ahí, por muchas plazas de toros que llenen unos u otros, sí que no se acaba de ver la luz a la salida del túnel.

Llenar plazas de toros y esas cosas