La Fundación Labaca abre una Escuela de Segunda Oportunidad

Abraham Piñeiro y Manuel Heraldo
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Como se suele decir, todo el mundo merece una segunda oportunidad para enderezar su vida. Sobre todo los jóvenes. Con esa idea en mente, la Fundación Labaca ha puesto en marcha este año un proyecto pionero en España con el que ayuda a los jóvenes internos en el Centro de Menores de Concepción Arenal, en Palavea: siete de ellos han sido seleccionados para seguir un itinerario que durará dos años y que les permitirá insertarse en la sociedad.

Manuel Heraldo, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación, miembro del patronato de Labaca, y Abraham Piñeiro, gerente, explican que el problema con el que se encuentran los jóvenes que cumplen medidas judiciales en el Concepción Arenal. “La mayoría vuelve a delinquir, porque no hay nada que lo evite. Al salir, se les da un subsidio de excarcelación de 500 euros, que es la causa de su propia perdición, porque tienen un recurso que no cuesta ganar y que les permite hacer lo que les da la gana durante un año, pero que no resuelve su situación”, explica Piñeiro.

Hay que considerar que el entorno del que provienen estos jóvenes no es el mejor: familias desestructuradas, relaciones perniciosas, falta de referentes.... La dirección del Concepción Arenal seleccionó a esos siete jóvenes para el proyecto, que Heraldo señala que es pionero en España, aunque existen otras Escuelas de Segunda Oportunidad: “Es un club al que nos unimos”.

Los proyectos de Escuelas de Segunda Oportunidad surgieron en Francia a mediados de los noventa dirigidos a los inmigrantes magrebíes que no se integraban laboralmente. Pero, en el caso de Labaca, se centran en menores que han cometido delitos.



Alojamiento y manutención


La fundación paga al 100% este proyecto que la Consellería de Familia apoyó con la firma de un convenio. Ofrecen a sus pupilos dos opciones: formación reglada o formación laboral. Labaca paga algunos gastos, como la matrícula, el seguro o los libros, de ser necesario. Pero el apoyo más importante es el alojamiento en un piso propiedad de la fundación y la manutención Se les apoya en los estudios y con un educador social. Uno de los jóvenes ya está contratado en una empresa para recibir la formación necesaria, en el sector de la construcción.

Se trata de un proyecto a largo plazo porque el itinerario es de dos años, si bien es cierto que al principio es más intenso, pero a medida que va cumpliendo fases ya pueden vivir de forma independiente. En algunos casos, es necesario enseñarles hábitos básicos, como el aseo.

“Es un colectivo especialmente vulnerable. El proyecto intenta ayudar en un proceso de transición que no está pautado. De no existir proyectos de este tipo, les dejamos en una situación casi de indefensión, solos ante una realidad en la que se muy difícil integrarse”, explica Heraldo. “Les damos un horizonte, educacional o laboral. Les damos un futuro”, añade Piñeiro. 

La Fundación Labaca abre una Escuela de Segunda Oportunidad