El salario mínimo

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En 2011, en plena crisis financiera, la CEOE que presidía Juan Rosell planteaba como remedio “la congelación salarial total sin contrapartidas hasta 2014” y varios miembros de su junta directiva consideraban que “será necesaria una rebaja de sueldos en los próximos años”, devaluación salarial que efectivamente se produjo.

En mi comentario a aquel planteamiento de la patronal cité el caso del empresario italiano, Enzo Rossi, que en 2007, antes de que llegara la crisis, decidió subir el sueldo a los empleados en su fábrica de pasta en doscientos euros netos al mes después de haber intentado vivir con el salario que les pagaba y comprobar que no alcanzaba ni para llegar al día 20.

Esto significa, decía Rossi, que en un año entero habría estado sin dinero durante 120 días, lo que no solo es pobreza, sino desesperación. “Como cuando uno se sumerge en el mar a veinte metros de profundidad y descubre que la bombona de oxígeno se ha agotado”.

¿Conocen los miembros de la patronal actual y quienes se oponen al aumento mensual de 15 euros del salario mínimo interprofesional (SMI) la precariedad del mercado de trabajo, que un internauta expresaba diciendo “me sobra mes para tan poco sueldo”?. Les vendría bien la experiencia de su colega italiano y vivir durante un mes con ese sueldo antes de oponerse con tanta contundencia a su subida.

También es comprensible la oposición de empresarios y autónomos, porque los costes laborales son un capítulo importante en el balance de sus empresas y negocios y la situación del mercado es muy delicada para ellos. Como es verdad que cualquier incremento salarial ha de estar vinculado siempre a la productividad que deben impulsar las políticas activas de empleo, que dependen de los gobiernos, para evitar la expulsión de los trabajadores del mercado laboral.

Pero son 15 euros al mes, 50 céntimos al día –ni siquiera compensan la inflación– y acarrea un coste para el empresario de 33 euros mensuales por empleado. Si las empresas no pueden hacer frente a este coste laboral que beneficia a unos dos millones de trabajadores en España, en torno a 80.000 en Galicia, un número limitado de trabajadores de las plantillas, es que la economía española está peor de lo que dice la señora Calviño.

Una nota final. Esta subida del SMI fue un pulso entre las dos vicepresidentas gallegas que ganó claramente Yolanda Díaz. La vicepresidenta Nadia Calviño limita su función a hablar de “brotes verdes económicos” que no existen y arriesga el prestigio y solvencia que le atribuyen siendo la cara amable que da cobertura en Europa a las veleidades económicas del presidente. Que en este caso la dejó en ridículo por la exigencia de Podemos.

El salario mínimo