Menos lobos, Puigdemont

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Es raro el análisis del caso Puigdemont que no se recrea en los efectos desestabilizadores de su reciente detención y posterior puesta en libertad condicionada en Cerdeña, donde una corte de apelación le ha citado el próximo día 4 de octubre. Entonces sabremos (o no, aún hay margen) si la Justicia italiana lo entrega a España, para que la sala segunda de nuestro T.S. lo siente en el banquillo. O, por el contrario, se toma su tiempo hasta conocer la doctrina definitiva del T.S. de Justicia de la UE respecto a la aplicación práctica de la llamada “euroorden”.

El impacto del culebrón sardo en la política nacional cursa como una patada en el tablero. Especialmente en la política catalana, que este martes se dará cita en el Parlament para el debate de política general. El debate viene condicionado por dicho culebrón y se lleva a cabo en vísperas del cuarto aniversario del 1-O, que fue la culminación del golpe sedicioso en un referéndum ilegal.

Excelente ocasión para tomarle la temperatura a un frente independentista que gobierna la Comunidad mientras escenifica a diario las discrepancias entre los dos socios principales. Por un lado, ERC, que ejerce la presidencia de la Generalitat y basa su política en el diálogo con el Gobierno de la nación. Por otro, JxCat, manejada a distancia por Puigdemont, el prófugo de Waterloo, claramente contrario a establecer complicidades con Moncloa mientras Pedro Sánchez no se comprometa a regalar un referéndum de autodeterminación y un decreto de amnistía.

En esa discrepancia de posiciones creen los analistas que Puigdemont, después de su ultimo salto a la fama por cuenta de la policía italiana, va a descolocar a Aragonés y Sánchez en sus mimados planes desinflamatorios del conflicto catalán. Pero algunos no compartimos esa capacidad del expresidente para boicotear las vías de diálogo abiertas por el Gobierno central con la parte republicana del Govern.

Creo que hay mucho ruido y pocas nueces en torno a un Puigdemont cada vez más aislado en el Parlamento Europeo y con unos socios catalanes (ERC) que le jalean con palabras sin acompañarlas con hechos de adhesión inquebrantable a su averiado carisma. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, ya le ha advertido de que romper con el Gobierno español “no ayudaría nada y lo empeoraría todo” (doctrina Junqueras).

Y en cuanto a su capacidad de convocatoria acabamos de ver como en ese terreno ha sido derrotado por la Virgen de la Mercé. El lanzallamas cambió de bando. El botellón motiva más que la independencia de Cataluña. Un fin de fiesta tras el agobiante paso de la pandemia y el “procés” con los mismos desahogos de la juventud catalana en forma de vandalismo, detenciones, saqueos y violentos enfrentamientos con la policía.

Pero ya sin esteladas.

Menos lobos, Puigdemont