A Coruña de Giovani Ramírez

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Giovani Ramírez (Tinaco, Venezuela, 1954) trae a la galería Arga su última producción pictórica, con el título de “A nosa Coruña”, en la que de nuevo, como en sus anteriores muestras “Coincidencia” (2019) y “Compartir” ( 2017), logra reflejar el alma del nuestro paisaje, destacando, especialmente, los cuadros en los que logra captar la vitalidad que palpita en nuestras calles. Dotado de un extraordinario oficio y de una aguda sensibilidad para la empatía con lo que le rodea, ha hecho suyo este entorno coruñés, (como ya señalamos en otra ocasión), pese a los pocos años que lleva entre nosotros, y nos lo devuelve en delicadas acuarelas donde la mancha se hace ligera y transparente y en cálidos óleos donde la luz se enciende de gozosas tonalidades.


La Dársena, Adormideras, el teatro Rosalía, el Jardín de San Carlos, la iglesia de Santiago, Puerta Real, La Marina, el Obelisco..., entre otros rincones emblemáticos, renacen en su paleta con el gozoso vigor que parece haber heredado de los grandes paisajistas del siglo XIX. Y, aunque busca ser fiel a la realidad representada, hay también en su obra una voluntad poética que abre evocaciones de lo invisible, de un algo que palpita en la envolvente luz y en el trazo suelto de las pinceladas que, en algunas casos, recuerdan la técnica de los impresionistas. El paisaje del aquí y el ahora se vuelve, a menudo, evocador de un más allá: el palacio de María Pita parece alargarse hacia el infinito flotando sobre un suelo de reflejos acuáticos, la plaza de Pontevedra se envuelve de violáceas claridades, el puerto con sus remolcadores desdibuja sus perfiles entre brumosos grises, la avenida de La Marina se abre como un inmenso camino al horizonte, Riego de Agua es vista como un tránsito de exultante luz, inundada de solares reflejos y jubilosas terrazas aparece Puerta real, y también hace camino de luz la calle de Juan Flórez, con su movimiento de transeúntes. Pero además sabe Giovani recoger el recoleto y remansado silencio de rincones como San Amaro, o cantar a la humilde épica del pescador que alza su silueta sobre las rocas del Orzán, o dejarnos varados junto a las barcas que reposan en el puerto de Betanzos, en O Burgo, en Ponte do Porco o en el Portiño,


Y siempre su paleta, con sabiduría plástica, busca adecuarse al tema y sobre todo a la gradación cromática y a los juegos de matices exigidos por la entonación. Y, aunque el dibujo, que él domina a la perfección, es importante, la prueba de fuego de un pintor es el color. Otro aspecto a considerar es la capacidad para crear mundos inéditos, o establecer contrapuntos entre realidades dispares, como había hecho, en obras anteriores, con Cantinflas, Picasso o Frida Kahlo y que ahora vemos en el cuadro “Van Gog”, más que un retrato del genial pintor, un admirado canto al oficio inspirado. Coruñés ya por elección y sentimiento, entona una oda plástica a nuestra ciudad y nos la devuelve, en irisados y bien temperados acordes, tan gozosa y vitalista como es, pero abierta también hacia todos los horizontes.

A Coruña de Giovani Ramírez