Una Diada marcada por la división

Aragonés, acompañado de Junqueras, y Marta Vilalta | efe
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Miles de catalanes se han vuelto a echar a las calles en una Diada. A diferencia de otros años, en esta ocasión no hubo una performance. Se trató de una manifestación a la antigua usanza, con pancarta, cabecera, paseo por las calles. Pero por mucho que los independentistas pretendieran que se trata de una demostración de su fuerza, lo que enseñaron fue el fraccionamiento interno de un movimiento que coincide en el objetivo, pero difiere en cómo llegar a él. Es de suponer que no le habrá gustado nada a Oriol Junqueras que le llamaran “¡Botifler!” (traidor en catalán). Y todo por su apoyo a esa mesa de diálogo que se celebrará esta misma semana en un día que todavía está por determinar. Y es que si el Gobierno de Sánchez se la juega abriendo vías de diálogo con un separatismo que parece que solo aceptará la amnistía y el referéndum y, por supuesto ERC, aupada a primera fuerza en Cataluña tras el 1-O y que, de entrada, sabe que sus planteamientos no pueden ser aceptados por Sánchez. Veremos si ambos tienen algún conejo en la chistera y, de tenerlo, que no les salga tan mal como la ampliación de El Prat. 

Una Diada marcada por la división