La caza del gay

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Criaturas demenciadas, de existencia oscura y perversa percepción de la sexualidad, creen levantada la veda para la caza que practican, la de aquellos ciudadanos que solo por manifestar libremente su personalidad y su condición sexual tanto tiempo estigmatizada y reprimida, desvelan la miseria moral que corroe la mente y el corazón del homófobo. Ocho de esos monstruos salieron de caza en Madrid el otro día.


Las agresiones homófobas se han multiplicado vertiginosamente en España en los últimos años, y la circunstancia de que el tercer partido político con mayor representación parlamentaria haya venido dando numerosas muestras de su escaso aprecio por los españoles englobados en la esfera LGTBI, ha hecho inevitable relacionar de una u otra manera, y por coincidentes en el tiempo, la multiplicación de la violencia homófoba con las multiplicación de los mensajes despreciativos, cuando no ultrajantes, de la ultraderecha.


Sin embargo, y pese a que el desgraciado fenómeno es, sin duda, una cuestión política, es en otros espacios, el policial y judicial, donde urge actuar prioritariamente.


De la acción policial y de la diligencia y severidad de los tribunales ante estos delitos depende, no solo que no vayan a más como parecen ir yendo, sino el necesario alivio del miedo que ha prendido entre las potenciales víctimas de esos canallas tras sus últimas atrocidades.


Por nada y al grito de ¡maricón! mataron a golpes a un chico en La Coruña, por nada reventaron la boca a otro muchacho en Madrid y le grabaron con un cuchillo o un cúter ese mismo infame exabrupto en un glúteo, y por nada en Toledo, en Barcelona o en Jaén se han montado esas cacerías.


Millones de españoles y españolas no pueden vivir con ese miedo a ser asaltados, denigrados, golpeados o asesinados por nada, y de la Policía depende en primera instancia amortiguar ese miedo. Los ocho indeseables que atacaron al joven de Malasaña iban embozados, de suerte que las cámaras que hay en todas partes poca luz pueden arrojar sobre sus identidades, si es que tienen alguna, pero la Policía no es tonta, conoce los submundos, y, a poco que se ponga, podrá con sus detenciones restituir en parte la tranquilidad, la libertad, de los amenazados. La otra parte necesaria para restituirla del todo, esa sí es política. 

La caza del gay