Saturnino de la Fuente

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este leonés, nacido en febrero de 1909, fue reconocido por el Guinnes como el hombre más viejo del mundo y, según sus allegados, goza de buena salud para recordar acontecimientos y vivencias personales de su dilatada vida.

Cuando vino al mundo reinaba Alfonso XIII, a los 7 años comenzaba la primera Guerra Mundial y siendo adolescente apareció la “gripe española”, un anticipo del coronavirus que está viviendo 100 años después.

Conoció el desastre de Annual, la dictadura de Primo de Rivera, la crisis del 29 y la II República. Fue entonces cuando se casó, se instaló en Puente Castro y su trabajo de zapatero no le impedía disfrutar de su familia con la que, asegura, tuvo una vida feliz.

Pero cuando Saturnino tenía 27 años estalló la Guerra Civil a la que no fue “llamado” por su estatura, pero sufrió la intervención de la fábrica de calzado donde trabajaba y las penurias de la posguerra (agravadas por la II Guerra Mundial): la represión y la falta de libertad, el racionamiento y el hambre…, hasta la muerte del dictador en 1975. Tenía 66 años.

Entonces llegó la Transición que, con la recuperación de la democracia, abrió la etapa más sosegada de su vida. Una pléyade de políticos con sentido de Estado que dejaron atrás todas sus “cuentas pendientes”, recuperaron la concordia y las libertades y España supo afrontar las crisis económicas y políticas que salían a su encuentro. Saturnino, igual que los demás españoles, disfrutó desde entonces de la etapa más larga de paz social y prosperidad económica.

Si se compara la vida en la España anterior a 1975 con la etapa que empezó con el cambio político es fácil sentir algo parecido al vértigo. Los que vivieron de cerca la Transición y los nacidos con la Constitución gozaron de tiempos benignos. En palabras de Enric González, “nuestra vida ha sido bastante tranquila y previsible. Paz, trabajo, buena sanidad, pensiones, viajes y vacaciones…”. Por el contrario, nuestros antepasados -¡tantos Saturninos!- convivieron con guerras y catástrofes, siempre en medio de necesidades y privaciones.

Es verdad que la vida no es fácil, sobre todo en tiempos de crisis sanitaria y económica, y es comprensible que hayamos llevado mal el confinamiento y las restricciones. Pero la pandemia no nos privó de las seguridades de un techo, de comida, vestido, electricidad, agua caliente… Mientras que la vida de nuestros abuelos, que encarna Saturnino, fue de penurias y escasez hasta que llegó la bonanza con la recuperación de la democracia.

Por todo esto, que algunos desprecien aquella Transición que alumbró el “Régimen del 78” que nos trajo hasta aquí, es una insensatez propia de quien desconoce la historia reciente de España.


Saturnino de la Fuente