Bibliotecas y lectores

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Según un reciente informe de la Xunta, A Rede de Bibliotecas Públicas de Galicia que incluye las gestionadas por la propia Xunta, las municipales –242 ayuntamientos tienen biblioteca– y las privadas integradas en el sistema creció un 10 % en el último lustro y suma un total de 304 centros que ofrecen el número de 7 millones de documentos.


Es un dato muy positivo que facilita mucho la lectura. La Asociación de Profesionales de Archivos y Bibliotecas señala en otro informe que en torno al 31 por cien de la población utiliza los servicios de las bibliotecas municipales, aunque Galicia está cuatro puntos por debajo de la media estatal y por detrás en visitas a estos centros, ya sea para leer o consultar libros, para pedirlos en préstamo o para participar en las actividades culturales.


Pero no está mal. El número de bibliotecas públicas y privadas en Galicia y esa nómina de lectores es reconfortante teniendo en cuenta que no corren buenos tiempos para cultivar el hábito de leer libros. Las nuevas generaciones disfrutan más con el móvil o la Tablet que leyendo un libro que requiere concentración y esfuerzo. Es verdad que algunos optan por el e-book que almacenan en sus equipos electrónicos, pero tampoco es indicador de que sean más diligentes cultivando la lectura.


No nos engañemos, el futuro de las bibliotecas, como el de las librerías, no es halagüeño. Circula por la red la anécdota de un joven que entra en una biblioteca, saluda a la encargada que, entusiasmada, responde a su cortesía y le dice: -“Bienvenido a la biblioteca, nos encantan los jóvenes, tenemos millones de historias, centenares de romances, miles de pensamientos profundos. ¿Qué deseas tú de todo esto?”. El muchacho la mira y le responde: “Solo necesito dos cosas: un enchufe para el cargador del teléfono móvil y la contraseña de la Wifi para conectarme a la red”.


Más desoladora es una viñeta –también está en la red– en la que dos niños encuentran en una estancia un “objeto raro”, desconocido para ellos y después de examinarlo con curiosidad, uno reflexiona en alto: “lo llaman libro pero no tengo ni idea donde van las pilas”. Esta generación da por muerto el libro en papel e incluso en formato electrónico.


Una pena. La pérdida del hábito de la lectura es una desgracia social porque los libros, que conservan lo mejor que fue pensado, nos hace más cultos y civilizados, más libres y tolerantes, nos pone en contacto con otros mundos y nos ayudan a contemplar la vida con una mayor amplitud de miras.


Los niños y adolescentes que leen hoy –también los adultos– son personas que piensan y serán menos manipulables mañana. Solo por esto, ¡larga vida a las bibliotecas y a los libros!

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