El cese más llamativo no fue el de un ministro

Iván Redondo, en una comparecencia reciente en el congreso | aec
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Si algo ha sorprendido sobremanera en la remodelación ministerial emprendida por Pedro Sánchez no ha sido ningún cambio de un titular de una cartera. En realidad, lo más llamativo es la caída a los infiernos del hasta el pasado sábado todopoderoso gurú de Moncloa, Iván Redondo. El hombre pasó de tirarse por un barranco si así se lo pedía el presidente, a asegurar en una escueta carta manuscrita que “a veces es necesario parar”. Para unos, a Sánchez le está pasando factura por el gran fracaso del 4M que elevó a los altares políticos a Isabel Díaz Ayuso y eso sin tener en cuenta la desastrosa moción de censura de Murcia. La mayoría de quienes lo conocen lo sitúan ya en Estados Unidos, destino idóneo para un amante de aquella vieja serie “El ala oeste de la Casa Blanca”, pero, pese a su salida y su posible cabreo, nadie espera que en sus ya anunciadas memorias en las que narrará como devolvió al PSOE al Gobierno, vaya a cobrar las facturas que le puedan haber quedado pendientes.

El cese más llamativo no fue el de un ministro