La soledad de Casado

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Pablo Casado no termina de encontrar un proyecto de oposición. Lo mismo gira hacia el centro que al día siguiente hace un guiño a Vox. Esos vaivenes provocan que su electorado no termine de saber a qué atenerse. Por si fuera poco los ‘barones’ de su partido van a lo suyo, es decir, no siempre coinciden con la línea política oficial que se marca desde Genova 13.


Alberto Nuñez Feijóo tiene perfil político propio, no digamos Isabel Díaz Ayuso, o Juan Manuel Moreno o Alfonso Fernández Mañueco e incluso Fernando López Miras el presidente murciano, quizá el que parece más afín al ‘aparato’ del Partido Popular.


De ahí a que dé la impresión que Pablo Casado mandar, lo que se dice mandar, manda lo justo en su partido. Tampoco hay que obviar que su equipo es más bien endeble.


Sin embargo, quienes le conocen, incluidos sus adversarios, coinciden en que es una buena persona y que es hombre de firmes convicciones. Como se lo he escuchado decir a gente muy diversa doy por hecho que esto es así, y quizá precisamente porque es una buena persona le falta instinto para mandar.


En estos momentos, nuestro país atraviesa una crisis política importante, con un Gobierno que crea más problemas de los que resuelve, y además fuerza las costuras de las diferentes instituciones.


A este problema hay que añadir que frente al Gobierno no hay una oposición creíble y eficaz. La oposición del Partido Popular es histriónica en ocasiones e inocua en otras, como si sus dirigentes no fueran capaces de articular un discurso y una alternativa.


Quizá por esto Pedro Sánchez se permite ningunearle y por si fuera poco representantes de otros sectores no parecen valorarle demasiado. Quizá porque no creen que pueda llegar a la Moncloa.


En una democracia tan importante es que el Gobierno haga las cosas bien como que haya una oposición eficaz. De ahí que sea preocupante la soledad del líder de la oposición.

La soledad de Casado