Los indultos de la discordia

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Recuerdo a Alfonso Guerra cuando bautizó a Zapatero como “Bambi” y le reconocía un mérito que no era costumbre encontrárselo en política, según el ex vicepresidente del gobierno el recién llegado por entonces presidente Zapatero creía en la bondad humana y eso le hacía participar en todos los problemas que se presentaban en el convencimiento de que él aportaría una solución que dejara satisfechas a todas las partes. Claro a la sombra de tanto buenismo llegó la Alianza de Civilizaciones que de ser pensada para arreglar todos los conflictos del mundo pasó a la historia como una enorme cortina de humo sin efecto alguno y ya de ahí pasó a quedarse sentado ante la bandera americana como desprecio a la primera democracia del mundo con consecuencias que aún arrastramos hoy.


Ahora el mismo Zapatero se dedica a asesorar a dictaduras como la venezolana con otro tipo de rentabilidad más allá de la política. Viene esto a cuento porque el presidente Sánchez ha concedido el indulto a los políticos presos catalanes enarbolando el valor de la concordia que, en una versión retorcida de nuestro texto constitucional, parece justificar su magnanimidad con los secesionistas, Y lo hace después de confundir la justicia con venganza supongo que para afear la sentencia del Tribunal Supremo quien, además, informó desfavorablemente sobre la medida de gracia.


Cuando se busca concordia ha de haber dos partes dispuestas a concordar, a ceder, a buscar puntos de encuentro que faciliten el entendimiento y, si así no es, hablamos de otra cosa, de un acto de “Fe ciega”, impropia de un gobierno laico, que consiste en que una parte cede todo y la otra nada. Los excarcelados han sido puestos en libertad por razones políticas, por lo que representan sus ideas y no por justicia consiguiendo así poner negro sobre blanco que no todos los españoles somos iguales ante la ley.

Esto explica que un 80% de los españoles se haya mostrado disconforme con la medida. Si Sánchez buscaba concordia se ha encontrado con discordia. Los separatistas no se arrepienten de lo que hicieron, anuncian que lo volverán a hacer, celebran los indultos como su gran victoria como se evidenció en la puerta de la prisión cuando se preparaban para salir libres y estudiaban su puesta en escena:” es una victoria” decían unos “¿ponemos cara de funeral?” preguntaba otro, “calma” decía Junqueras.


Ahora Sánchez montará una mesa de diálogo en la que los separatistas ya anunciaron su posición: amnistía y referéndum de autodeterminación, dos cuestiones que no caben en nuestra Constitución. No quieren ceder en nada, solo quieren que Sánchez les diga como y cuando conseguirán sus objetivos irrenunciables. Los españoles ya no tenemos más mejillas que poner y los catalanes constitucionalistas, más de la mitad, se sienten huérfanos, la concordia de Sánchez no va con ellos ni con un altísimo porcentaje de españoles.

Los indultos de la discordia