¿Generosidad o claudicación?

En el uso de sus prerrogativas debidas al histórico derecho de gracia, el Gobierno se dispone a perdonar el cumplimiento de la pena pendiente en nueve de los doce condenados por el intento secesionista de 2017. Aprobados en el Consejo de Ministros este martes, irán al BOE. E inmediatamente libertad de los presos que, sin haberla reclamado, será celebrada por el independentismo como un paso adelante y una derrota del Estado.


Esa insidiosa interpretación contribuye a inflamar el malestar de la parte ofendida por la actuación delictiva de los indultables. Un motivo más que multiplica la sospecha instalada en el sentir mayoritario de los españoles comprometidos con el sentido común y el cumplimiento de la ley. De la relación entre ese compromiso con la apuesta política de Sánchez nace la pregunta clave: ¿es generosidad o es claudicación?

La respuesta viene inexorablemente condicionada por el relato unilateral de los dirigentes independentistas. A saber: la concesión de los indultos es una reacción autodefensiva del Estado, que se previene frente al reproche de los tribunales europeos. Para Carles Puigdemont, el prófugo de Waterloo, estamos ante “un autoindulto del Estado”. “Es el preludio de la derrota de España”, dice uno de los dirigentes indultables, Jordi Cuixart, al tiempo que Oriol Junqueras, el supuesto cómplice de Moncloa, relaciona los indultos con “la debilidad del Estado”.


Con estos antecedentes, se hace muy cuesta arriba apuntarse al bando de los que conceden el beneficio de la duda a la apuesta por la concordia ¿De qué concordia hablamos cuando a la mano tendida se responde con desdén, confrontación y desplantes? Bien al contrario, la medida del Gobierno divide a la sociedad española en general, sin que tampoco cierre las heridas abiertas por el “procés” en Cataluña, donde el activismo secesionista responde a la generosidad del Gobierno con el grito de “los indultos son insultos” (contra la presencia de Sánchez en el Liceo).


Algunos creemos que Sánchez ha generado un escenario más cercano a la claudicación que a la generosidad, pero queremos equivocarnos en nombre del interés general, tal y como lo planteó Antonio Garamendi, presidente de la CEOE: Si es para bien, bienvenidos sean los indultos. Pero ¿cómo otorgar el beneficio de la duda a una decisión que no une sino que divide, que no aplaca sino que exalta a quienes delinquieron y, sin la menor sombra de arrepentimiento, quieren volver a las andadas?


Ahí sigue anclada la actualidad política. Con la esperanza de que la apuesta sirva para desinflamar el llamado conflicto catalán. Pero sigue pendiente la tarea de convencer a los discrepantes de que no se trata de alfombrar el camino del independentismo hacia una república emancipada del Estado español. Sánchez tiene la palabra.

¿Generosidad o claudicación?

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