Y ahora… ¡crisis de gobierno!

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Creo que hemos bajado tanto el listón que ya hemos tocado fondo. Percibo y comparto una sensación entre la ciudadanía de hartazgo total no solo con la pandemia, que por supuesto, pero con muchas más cosas que nos están haciendo pasar con tal indolencia que nos indigna. Es que no hay una buena noticia a la que agarrarnos y, de verdad lo digo, la necesitamos. Anuncios varios de subidas de impuestos, amenazas de pago por circular por carreteras que ya pagamos, subida del recibo de la luz acompañada de chistes sobre la plancha o la lavadora a horas intempestivas, idas y venidas con los horarios de la hostelería que condicionan nuestra forma de vida, confusión sobre las vacunas que nos obligan a elegir a los que no sabemos nada de ciencia, crisis varias territoriales internas y externas acompañadas de movimientos migratorios irregulares que no acaban nunca, ERTES que huelen a paro y empresas que mueren y no seguiré porque acabaré con depresión si es que no estoy en ella. Por eso rescataré algo bueno de toda esta retahíla de desgracias: por fin vemos en las televisiones a personas preparadas y formadas que hablan con conocimiento de causa, unos más que otros porque no me olvido de Fernando Simón pero que devuelven al medio televisivo unos contenidos alejados de la basura informativa que, en forma de entretenimiento, nos cuelan cada día en nuestras casas bajo el título de “programas de corazón” y que al llamarlos así solo ofenden a tan noble órgano de nuestro cuerpo. Pero me temo que lo bueno acaba aquí. Cuando lo que necesitamos es un gobierno fuerte y con las ideas claras que nos transmita confianza, nos anuncian una crisis que acabará con una remodelación profunda del ejecutivo de Sánchez. Esto no deja de ser un reconocimiento expreso del fracaso del actual gabinete, el más numeroso que se recuerda. Parece evidente que el número de ministros no garantiza mejor gobernanza ni mucho menos mayor agilidad en la resolución de los problemas. Hay ministros que no conocemos, que no tenemos ni idea de lo que hacen o dejan de hacer, quizá porque no hagan nada más allá de encarecer gravemente los costes de un gobierno que no se hizo para gobernar bien si no para acomodar a los partidos que lo apoyan. Si Sánchez se plantea cambiarlo es porque reconoce que no funciona, si funcionara no lo tocaría y, claro, nos preguntamos si muchas de nuestras desgracias tienen que ver con la baja calidad de aquellos que nos dirigen y que, en todo caso, no deja de ser responsabilidad del propio Sánchez, creador del multitudinario consejo de ministros. Espero que por lo menos, dos ministras sean sustituidas, la de sanidad porque nadie se fía de ella (AstraZeneca) y la de exteriores (Marruecos), pero ya puestos que nos libre también de todas las carteras inservibles que tiene en su gobierno y que nos cuestan una fortuna que no tenemos, a ver si Sánchez acierta cuando rectifica o…. ¡tampoco! No cierren el paraguas.

Y ahora… ¡crisis de gobierno!