Sánchez genera rechazo

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La política es por definición un mundo caníbal que devora a quienes viven de ella defendiendo su parcela de poder y también a quienes aspiran a conquistarlo. En la experiencia española los ciclos de empatía entre los líderes que llegan al Gobierno y los ciudadanos duran poco. La excepción fue Felipe González, que gozó de relativa tranquilidad las dos primeras legislaturas pero a quién le cambio la suerte a partir de la tercera. El resto de presidentes -Aznar, Zapatero y Rajoy- en términos de empatía y apoyo mayoritario de los ciudadanos solo pudieron navegar con tranquilidad durante la primera de sus dos legislaturas.


El caso de Adolfo Suárez es aparte, pues alcanzó la Presidencia del Gobierno en un tiempo político híbrido, predemocrático, y las circunstancias del cambio de sistema convirtieron aquella experiencia política en algo excepcional aunque fue él quien inauguró el club de quienes cuando las cosas se ponen feas en la política nacional despliegan un gran interés por las cuestiones internacionales. Los más veteranos del lugar recordarán la repentina preocupación de Suárez a propósito del conflictivo Estrecho de Ormuz.


La secuencia suele ser la misma: primero la opinión publicada se muestra muy crítica con la forma en la que llevan los asuntos del Gobierno, a reglón seguido cambia el juicio de la opinión pública y posteriormente es en las urnas dónde se produce la sentencia. Ya digo que hasta la fecha los presidentes que hemos tenido en el período democrático han gozado de una primera legislatura placentera y una segunda agitada.


La novedad es Pedro Sánchez. Sólo lleva tres años en La Moncloa –la llave fue la moción de censura que tumbó a Rajoy y un Gobierno de coalición con Podemos– y ya le está pasando lo mismo que a quienes le precedieron pero tras llevar bastante más tiempo en el poder. El rechazo que suscita es llamativo. Raro es el acto público que le obliga a salir de La Moncloa en el que no es recibido con silbidos u otras muestras de rechazo. Es un caso a estudiar que obedece a razones complejas que irían desde el simple antagonismo político a la irritación que provoca una personalidad tan dada a cambiar de criterio sin el menor atisbo de rubor o su tendencia a hacer lo contrario de lo que promete. Pero el rechazo es evidente.

Sánchez genera rechazo