Los independentistas radicales están en sus horas más bajas

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el rey pisó, esta vez sí, Barcelona y el independentismo más exaltado, que se las prometía muy felices, se quedó con un palmo de narices. Hubo gritos, algún lanzamiento de pintura e insultos al Jefe del Estado, pero nada comparado con la explosión de manifestaciones en contra de la Corona y a favor del soberanismo catalán que esperaban los convocantes. La hora no acompañaba, montar un escándalo a las diez de la mañana no tiene el mismo aliciente que hacerlo a las diez de la noche, con nocturnidad y quién sabe si después de calentar el ánimo en un bar cercano; pero lo que preocupa a los radicales es que parece haberse instalado entre ellos el desánimo. O la apatía, que es peor.  FOTO: la escasa manifestación independentista | efe

Los independentistas radicales están en sus horas más bajas