Un varapalo de esos de los que cuesta recuperarse

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Esta vez el prestidigitador Sánchez falló y todos los presentes descubrieron el truco. No le valieron los equilibrios, las presiones ni las ofertas. Casi doscientos diputados votaron en contra del decreto ley por el que el Gobierno pretendía quedarse con los remanente municipales y, al final, el palo ha sido doble. De un lado, una derrota de las que duelen por la contundencia; del otro, el golpe que supone para los presupuestos que quieren aprobar y que, sin lugar a dudas, se van a retrasar. Pero en este juego de las derrotas políticas hay otro gran perdedor. Se trata del alcalde de Vigo, Abel Caballero. Presidente también de la FEMP, no dudó en poner su voto de calidad al servicio de los intereses de su partido, en algo que se puede considerar como una traición sin precedentes, ya que el organismo nunca había aprobado nada sin consensuarlo. Y, ahora, ve cómo su gesto no ha servido para nada. Bueno, en realidad ha servido para ganarse la enemistad de todos sus homólogos del país, que ya empiezan a pedir su cabeza. Roma no paga a traidores, ya se sabe. FOTO: Sánchez y Caballero | aec

Un varapalo de esos de los que cuesta recuperarse