El agradecimiento que no era tal

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Hubo quien intentó un final digno, pero la agonía de los aplausos de las ocho de la tarde parece que evidenció que aunque empezasen con la mejor intención acabaron teniendo más de entretenimiento que de agradecimiento. Sin más interacción social que la que podía haber con una pantalla de por medio y aburridos, para muchos la salida a la ventana era una de las pocas motivaciones del día. Y lo de sentirse parte de algo era una sensación agradable. Pero todo dejó de tener sentido para ellos en cuanto pudieron pisar la calle. Ya no hay aplausos, esperemos que lo próximo no sea que se olvide el respeto por los sanitarios. FOTO: el último aplauso | efe

El agradecimiento que no era tal