Al final con Díaz Ayuso tuvo que ser por las malas

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Pues al final, tuvo que ser por las malas. Todo apuntaba a que la historia del enfrentamiento entre el Gobierno central y el madrileño no iba a tener un final feliz, al menos para una de las dos partes. El empecinamiento de la presidenta de la Comunidad por hacer valer su poder y la, suponemos, incapacidad del Ejecutivo para hacerle entrar en razón abocaban a una solución por la fuerza –en sentido figurado, obviamente–. En este despropósito en el que se había convertido la lucha, en la que todos veíamos cómo el supuesto beneficio para los ciudadanos no era más que un pretexto para ganarle la partida al rival político, la implantación del estado de alarma era la conclusión más lógica. Ahora esperan días de denuncias de “atentado contra la libertad” y protestas por parte de la oposición, que no va a desaprovechar la ocasión. De lo que suponemos que no van a hablar es de las retenciones kilométricas que había en las salidas de Madrid antes de que se decretase la restricción. De la que nos hemos librado. FOTO: tráfico en la m-30, en dirección salida de madrid, ayer | efe

Al final con Díaz Ayuso tuvo que ser por las malas