A Coruña dice adiós a su adorado Carnaval con el triste entierro de la Sardina

La Sardina y el Momo, acompañados por su cortejo fúnebre, recorrieron las calles del barrio de Monte Alto hasta llegar a la playa de San Amaro, donde se despidieron un año más del Carnaval entre los llantos desconsolados de los choqueiros coruñeses |
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El día empezó gris, con llovizna. Era el llanto contenido del cielo por el final del Carnaval. Porque los coruñeses vivieron ayer el día más triste de su Entroido: choqueiros y ciudadanos de a pie no faltaron a la tradicional cita del adiós a la Sardina, ese momento en el que la luz y el color desaparecen hasta dentro de un año.

Por las calles de Monte Alto procesionaron los coruñeses que quisieron ponerse sus mejores galas para acudir al entierro de la Sardina. Desde la calle del Arenal salió la comitiva fúnebre, después de que el pobre animal permaneciese de velatorio desde el pasado viernes en el Art T Café de la calle de Santo Tomás. Por la avenida de Hércules, la calle de la Torre y hasta la plaza de España recorrieron los coruñeses el asfalto entre llantos y hondos pesares.

Seis caballeros de escrupuloso negro portaban el cadáver de la pobre de la Sardina, fallecida por tanta fiesta y enterrada en el miércoles de Ceniza como símbolo del pasado, lo socialmente establecido y la tradición con el fin de que tras ella surja la sociedad transformada y con todavía más fuerza.

Junto al cortejo fúnebre caminaban también innumerables viudas –tan bien vestidas como mal peinadas y maquilladas–, quienes con sus llantos desgarrados mostraban la pena por el final de la época más choqueira del año en la ciudad.

Por no faltar no faltó ni el papa, que además llegó acompañado de curas acólitos, arzobispos, obispos y monaguillos que no quisieron perderse la cita. Tanta gente se juntó por Monte Alto que hasta fuerzas de seguridad llegadas del pasado tuvieron que intervenir para contener la pena.

Una pena que se incrementó en la plaza de España cuando a la Sardina se le unió el Momo, descabalgado de su trono del Obelisco, en el que solo duró unos pocos días, pero desde el que hizo feliz a multitud de coruñeses. Ya juntos, Sardina y Momo, se encaminaron a morir definitivamente en la playa de San Amaro y pasar así a la eternidad rodeados de fuego y de lucerío artificial. l

A Coruña dice adiós a su adorado Carnaval con el triste entierro de la Sardina