“La Casa de las Ciencias fue solo el primer paso de una creación armónica”

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Ramón Núñez se plantea la jubilación como un paseo por la playa. El que tiene cuatro hijos llamados Casa de las Ciencias, Domus, Acuario y Muncyt asegura que su camino ya no tiene metas volantes. Ni velocímetro. Ni nadie que le diga cuál es la mejor opción para trazar la senda. Una senda en la que se puede encontrar conchas o huellas. Eso ya da igual, pero de la que solo sabe una cosa. Quién le acompañará de la mano. Ella. A la que siempre le dijo que no por culpa del trabajo será su compañera. En una nueva etapa que le da vértigo y para la que tampoco se separará de su otra mujer. La ciencia. Porque de hacerlo, no estaría vivo. En un mundo donde todo lo piensa en clave científica, Ramón ve el azul del mar y se le dibuja una sonrisa.

¿Va a ser una despedida silenciosa?
Espero que sí. No sé qué sentido tiene armar bulla. Uno en el fondo desea que todos los tránsitos sean dulces y estoy convencido de que será un cambio importante en mi vida. Desde pequeño estoy acostumbrado a marcarme metas, primero el bachillerato y la carrera, después casarme, encontrar un empleo y más tarde llegaron los museos. Es la primera vez que no tengo una meta, que el camino se ha convertido en meta. Muchas veces he hablado de Ítaca, pero el momento Ítaca me llega ahora.

¿Le da vértigo?
Sí que me da y no quiero aceptar que la única meta sea la muerte. Me parece absurdo crear una filosofía sobre que este camino sea interesante aunque podría hacerse, pero la idea de pasear sin ir a ninguna parte no es mala. Sin la obligación de correr a una velocidad determinada y con la seguridad de que si me encuentro con un obstáculo, voy a poder cambiar de dirección. La jubilación puede ser algo así como un camino por la playa. Yo puedo ir pensando en si encuentro conchas, pero puedo terminar cogiendo huellas o una madera.

¿Para cuándo abandonará su despacho?
A finales de año, pero no hemos fijado el día exacto. Tengo 67 años así que estoy en prórroga y el momento fue escogido por razones de todo tipo, aunque predominaron las personales y familiares. Entendía que el museo estaba en un momento singular porque la sede de A Coruña se había completado y consolidado y en Madrid existía la posibilidad de trasladar la sede a Alcobendas, donde estaba el CosmoCaixa. Esto significaría el comienzo de un nuevo proyecto y de embarcarme en él, estaría obligado a terminarlo así que mejor que lo inicie otra persona.

¿El traslado a Alcobendas implicará algún cambio en la sede coruñesa?
Para A Coruña, ninguno, pero es un trabajo con una intensidad parecida a lo que supuso el montaje de la sede coruñesa. Ahora están analizando la viabilidad del traslado y las probabilidades que tiene el almacén para la colección. Están estudiando la potencialidad de un edificio que cuenta con unas instalaciones muy buenas, que pertenecen a una entidad con recursos, algo que habría que complementar con las instalaciones que necesita un museo nacional, las derivadas de la conservación de una colección de patrimonio, así que de hacerlo, a mi me exigiría tener que desplazarme mucho más a Madrid.

¿Cómo será la elección del nuevo director para el Muncyt?
Lo sometieron a aprobación en una reunión el pasado viernes y se va a convocar un concurso público aunque no sé qué restricciones pondrán desde Madrid.

¿Qué espera de su sustituto al frente del museo?
Sea como sea, tenemos que pedir que sea profesional y competente y de estos, hay muchos en España. Sea como sea, cada persona le va a dar su impronta y cada uno destaca más como gestor, relaciones públicas, como coordinador de un equipo...

¿En qué destacó usted? ¿Cuáles fueron sus puntos fuertes?
Las circunstancias te obligan a ser un todoterreno, no solo gerente o divulgador, y tú te adaptas a los vientos que corren. Afortunadamente, yo siempre tuve unos vientos favorables. Estos no sé si se tienen o se van a buscar, pero pude dedicarme a facetas que me gustan mucho, que son las creativas y las de diseño, a programas del Planetario, exposiciones, actividades y publicaciones. Y así hice cosas. Lo que no he podido evitar fue la impronta educativa, que es primordial. Siempre pensando en el gran público. Esto no tiene nada que ver con la enseñanza regladas sino con la educación de las personas. Creando situaciones de aprendizaje porque los museos están para educar en valores. Para cambiar así la valoración social de la ciencia. Una de las cosas positivas de la crisis es que la gente toma más consciencia de la necesidad de innovación.

¿De lo hecho a lo largo de estos años, de qué siente más orgulloso?
En general, estoy contento. Si pienso en los museos, son los hijos que tuve. De todos ellos, te podría decir cosas bonitas, pero no tengo un favorito. Quizá uno siempre se agarra al último por ser el más indefenso, pero es cierto que todos nacieron sabiendo que había otro antes.

Menos la Casa de las Ciencias, que abrió la veda...
Sí, con la Casa de las Ciencias tuve la ilusión del primerizo y pensé que con él ya estaba hecho todo, pero fue solo el primer paso de una creación armónica. Un caso paradigmático fue el nacimiento de la Domus porque pusimos la primera piedra un 2 de mayo de 1994 y se inauguró un 7 de mayo de 1995, tan solo once meses después. El día de la apertura estaba el edificio y las exposiciones terminadas, además del personal con sus contratos perfectamente regulados y una planificación presupuestaria.

¿No sería que había unas elecciones próximas?
Supongo que sí. n

“La Casa de las Ciencias fue solo el primer paso de una creación armónica”