La jueza procesa a la madre de los niños asesinados en Monte Alto por malos tratos

Mar Longueira y su madre, en una de sus comparecencias judiciales patricia g. fraga
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La jueza que ha investigado las circunstancias que rodearon la muerte de Álex y Adrián Bergantiños Longueira, los dos niños asesinados el pasado verano a golpes en un piso de Monte Alto, acaba de cerrar la instrucción con una convicción, que los mellizos eran víctimas de malos tratos continuados. Pero no únicamente a manos de Javier Estrada Fernández, el compañero sentimental de su madre y autor confeso del doble crimen, sino también de su ella. El auto de procesamiento, dictado esta misma semana por el juzgado de instrucción número 5, culpa a Mar Longueira de omitir los deberes inherentes a la patria potestad como garante de la seguridad de los menores, al tener indicios la magistrada de que la mujer estaba al tanto de la violencia, física y psíquica, a la que eran sometidos sus hijos. Además, por entender que no solo permitía esta situación, sino que también era partícipe de ella, la considera autora de un segundo delito, de malos tratos habituales en el ámbito familiar.

Con esta conclusión, avala la declaración de algunas de las personas del entorno de la familia que fueron llamadas a declarar en calidad de testigos durante el procedimiento, entre ellas la mujer que días después de conocerse el crimen compareció de forma voluntaria ante la Policía para dar cuenta de una serie de episodios concretos de violencia sobre los niños. Habló de gritos y descalificaciones, y también de golpes, que atribuyó a Javier Estrada pero de los que, según aseguró, era perfectamente consciente Longueira.

Impone fianzas de 30.000 y 300.000 euros para las dos personas que ocuparán el banquillo de la Audiencia

En cuanto a los procesados, ninguno reconoció ante la Policía o al jueza haber puesto nunca la mano encima a los pequeños, pero ambos se acusaron de algún castigo físico puntual a los dos hermanos, a los que sus allegados describen como \“revoltosos\”.

Con alevosía > En el documento con el que se da por concluida la fase de investigación del suceso, la instructora imputa ese mismo delito de malos tratos habituales físicos y psíquicos al hombre que la tarde del 21 de agosto de 2011 telefoneó al 092 para advertir de que acababa de matar a dos niños en un piso de la calle de Andrés Antelo. Al mismo tiempo, lo culpa de dos delitos de asesinato, bajo la premisa de que actuó con alevosía, al privar a sus víctimas, dos menores de diez años, de cualquier opción de salir indemnes de aquel ataque, que perpetró valiéndose de la barra de hierro de un armario y el soporte de un sillín de bicicleta.

El procesado se encuentra en prisión provisional desde la semana siguiente a su arresto y ahora, para asegurar las responsabilidades económicas que puedan derivarse del juicio, el auto establece para él una fianza de 300.000 euros, mientras que a la madre de los fallecidos se le reclama una cantidad inferior, 30.000 euros.

Además de la acusación pública, en el proceso está personado como acusador particular el padre biológico de los mellizos, y es previsible que reclame una indemnización por la pérdida de sus hijos, con los que no convivía desde hacía seis años. Aunque la madre también promovió al inicio del procedimiento su propia acusación contra Estrada Fernández, su imputación y, ahora, su procesamiento le impiden ejercer esta acción.

Apenas un año llevaban conviviendo los hermanos Bergantiños con el compañero sentimental de su madre en el piso de Andrés Antelo cuando este acabó con sus vidas, aunque, a tenor de su declaración judicial y las del resto de parientes de las víctimas, el hombre se había tomado en serio su papel en la educación de los menores. Tal como le relató a la jueza instructora y la fiscal el procesado, el día en que murieron los niños estaba tratando de hacer que comprendieran el reloj, y fue un ataque de rabia por el comportamiento de uno de ellos lo que lo llevó a coger la barra de uno de los armarios y golpearlo con ella en la cabeza hasta doblarla.

Según expuso, fue entonces cuando se valió del soporte metálico del sillín de una bicicleta estática para emprenderla a golpes con su hermano y, una vez muerto, volvió con el primero, para rematarlo. A continuación, alertó a las autoridades de lo que acababa de hacer.

La jueza procesa a la madre de los niños asesinados en Monte Alto por malos tratos