Controlando al enemigo interior

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Los partidos políticos son unos entes muy extraños. Por ejemplo, en lugar de premiar a los mejores, el líder, una vez que llega al poder, se carga cualquier recuerdo de su antecesor y busca una cohorte de lisonjeros que le digan a todo amén. Y si en algún momento aparece alguien que destaque, que asome en medio de la mediocridad, pues se busca el modo de controlarlo, no vaya a ser que acabe echando al jefe. Y eso es lo que Casado hizo el lunes con Almeida, el alcalde de Madrid. Irrumpió sin avisar en una reunión del PP de Madrid. En Génova hablan de normalidad, el problema es que nadie se lo cree. FOTO: almeida, megáfono en mano | aec

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