La casualidad que parece un complot

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Si no fuera por que la pandemia está tan descontrolada que es completamente normal que se den positivos en un avión alguien podría pensar que hay un complot para que no se celebre el Abierto de Australia de tenis. Ya es mala suerte que en cada uno de los tres vuelos en los que viajaban más de setenta jugadores –uno desde Los Angeles,  otro desde Abu Dabiy el tercero desde Doha– se diese un caso de coronavirus en alguien ajeno al torneo que les obliga a cumplir una cuarentena de dos semanas. Les queda la opción de pelotear contra la pared. FOTO: Djokovic, uno de los afectados, a su llegada a Australia | aec 

La casualidad que parece un complot