
Manuel Fernández Castiñeiras no confesó a su familia que había robado el valioso códice Calixtino el 4 de julio de 2011, y cuando admitió la sustracción –el pasado día 5–, sus parientes más próximos se quedaron desencajados, de una pieza.
El juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, detalló que este electricista residente en Milladoiro \“no contó a nadie\”, ni a su mujer, Remedios Nieto Mayo, y tampoco a su hijo, Jesús Fernández Nieto, que él se había llevado este manuscrito.
\“Cuando hizo la confesión, (Remedios y Jesús) se llevaron una enorme sorpresa, fue bastante desagradable para ellos, sabían que robaba el dinero, pero nunca pensaron que también había hecho lo mismo con este libro\”, detalló el magistrado.
no sabían nada
Vázquez Taín decretó prisión provisional para los tres por el temor a que destruyesen pruebas, pero tiene prácticamente la certeza \“absoluta\” de que tanto Jesús como Remedios del códice \“no sabían nada\”.
No obstante, aunque no fuesen partícipes de este delito, el magistrado reconoció ese miedo a que tratasen de defender a Fernández Castiñeiras e intentasen esconder alguna de las pruebas estaba ahí.
A Vázquez Taín no le extrañó que este instalador eléctrico –que cobra una pequeña pensión– buscase un escondrijo para la legendaria obra custodiada en el templo \“muy desconocido\”.
Sobre el móvil del robo, el abanico de posibilidades es extenso, desde una venganza hasta razones económicas.
Una vez que se conoció la desaparición de la joya literaria, hubo intentos de compra, todos ellos infructuosos, porque no había destinatario al que dirigirse. \“Este hombre no se movió para nada en este sentido\”, desveló Vázquez Taín. \“No es un simple raterillo de monedas, es un hombre audaz\”, según el juez.
Explicó que en una investigación de este calado, el riesgo de no encontrar el códice era \“altísimo\”, y admitió que, aún convencido de que con las detenciones habría un \“avance\” en la resolución, no se esperaba que \“se diese con el paradero\” de este libro con tanta inmediatez.
A lo largo de estos casi 365 días, se barajaron 40 nombres de sospechosos, y antes del arresto de Fernández Castiñeiras el cómputo había bajado a tres. n




















