La desafiante sonrisa de Inés del Río

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Sonriente y aparentemente relajada, la etarra Inés del Río, uno de los miembros con un historial más sanguinario de la organización terrorista ETA, ha dejado esta tarde atrás más de 26 años de prisión al abandonar el centro penitenciario de Teixeiro (A Coruña) en cumplimiento de la sentencia que anula la 'doctrina Parot'.
Eran las 16:25 horas cuando Del Río, de 55 años, completamente vestida de negro, salió de la prisión en compañía de su abogada, que se desplazó en su vehículo, para ser recibida con alborozo por una quincena de familiares y amigos que habían llegado al centro penitenciario a bordo de tres turismos a primera hora de la tarde.
La etarra besó y abrazó a las personas que la esperaban, una de las cuales, desde lo alto de un banco, quiso inmortalizar el momento y no paró de hacer fotografías con una pequeña cámara doméstica.
Dos minutos después, Del Río y sus acompañantes se dirigieron al aparcamiento de la prisión, momento elegido para desplegar una ikurriña de más de un metro de longitud.
Extramuros de la prisión, a unos trescientos metros, una treintena de periodistas, entre cámaras de televisión, reporteros gráficos y redactores, esperaban pacientemente desde primera hora la excarcelación de la etarra, que se sabía segura, después de que la Audiencia Nacional decidiera esta mañana su libertad en cumplimiento de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).
Si bien la puesta en libertad de la antigua miembro del comando Madrid ha levantado indignación en muchos colectivos, tan solo dos personas han mostrado esta mañana su repulsa a la excarcelación de Del Río a las puertas del centro penitenciario gallego, en el que llevaba recluida desde 2008 después de pasar por diversas cárceles españolas.
Han sido dos hombres jóvenes los que, ataviados con traje y corbata, se han pasado más de cuatro horas sosteniendo una bandera española con el símbolo constitucional tachado en señal, ha explicado uno de ellos, de la "claudicación" del Gobierno.
Además han aguantado estoicamente y sin resguardarse en ningún momento los fuertes chaparrones que han caído a lo largo de la mañana en la zona, fruto del primer temporal de otoño que vive Galicia.
Del Río y sus acompañantes no han puesto facilidades a los informadores para realizar su trabajo, pero tampoco excesivas dificultades y han sido centenares las fotografías captadas de la etarra.
Cuando los redactores gráficos comprobaban en sus cámaras las imágenes capturadas, dada la lejanía del objetivo, muchos de ellos se sorprendían ante la sonrisa de Del Río que vislumbraban en la mayoría de las instantáneas.
La misma sonrisa se ha repetido en el interior del vehículo en el que ha abandonado el recinto penitenciario sin ocultarse, como el que no siente vergüenza de mostrar su rostro.
Era sin duda el gesto entre desafiante y altivo elegido por esta mujer nacida en Tafalla (Navarra) en 1958, auxiliar administrativo de profesión, para dejar atrás los algo más de 26 años de cárcel que ha cumplido tras su condena de 3.828 por 24 asesinatos.
Ya está en la calle. Parecía que la persistente lluvia otoñal quería simbolizar el sentimiento desapacible con que muchos ciudadanos españoles han recibido la noticia de su excarcelación.

La desafiante sonrisa de Inés del Río