“Cuando ocurrió el tsunami de Fukushima volví a sentir ahogo y asfixia”

belã³n cuenta que, tras una experiencia vital como la suya, “afortunadamente” uno no vuelve a ser el mismo quintana

Irradia vida pese a ir de la mano de la muerte. María Belón, la mujer cuya familia inspiró la película \“Lo imposible\” sobre el tsunami de Tailandia, todavía se emociona cuando recuerda pero más que las lágrimas, la esperanza y la fuerza dirigen su caminar. Su generosidad la ha llevado a mostrar los valores que deben primar en la sociedad y, sobre todo, en los jóvenes en el marco del congreso \“Lo que de verdad importa\”.

Visitó A Coruña para explicar su experiencia en un congreso de valores, ¿los jóvenes de hoy están faltos de ellos?

Creo que todos necesitamos valores todo el tiempo, lo que pasa es que ahora venimos de un momento muy duro donde el único valor que se nos ha vendido es el material. Tener equivale a ser y tenemos que hacer un replanteamiento. Yo no vine a enseñar ningún valor a nadie, soy una aprendiz de la vida pero a mí lo que más me ha formado han sido valores.

¿Su planteamiento de vida cambió tras la tragedia?

No, no cambia, los golpes en la vida los vives desde lo que eres y por eso es importante la educación. Lo que eres es lo que te va a hacer vivir las cosas de una manera o de otra; lo que sí haces es ver más claro. Es como si en la vida diaria se te fuesen poniendo cortinas de humo y, de repente, eso quita todas las cortinas y tienes un recordatorio para cuando te olvidas, que de vez en cuando te vuelves a olvidar...

¿Una llega a olvidarse?

Claro que te olvidas. Pero tengo algo maravilloso que es que, cuando me olvido, me pongo tonta, tengo una película; me la pongo y sé lo que de verdad importa.

La película sobre su historia puede interpretarse como un canto a la esperanza. Salvando las distancias, ¿sería extrapolable a la situación actual?

Sirve para creer que los milagros existen. Sin que sea monopolio de ninguna religión todo el día ocurren un montón de milagros pero los das por supuesto: es como si dijeras solo faltaría que no estuviera viva, solo faltaría que no pudiera comer... La película no pretende dar falsas esperanzas sino decir que los milagros existen. Tenemos mucha más fuerza de la que nos creemos y hay que utilizarla.

¿Realmente lo cree?

Hombre, hombre, no me cabe la menor duda. Yo veo la película desde fuera y digo yo me muero de miedo si me pasa eso, pero al final todos la tenemos.

En ese momento, ¿cómo consiguió mantenerse viva?

Sacaba las fuerzas sabiendo que me estaba muriendo y cada segundo de vida se convirtió en algo precioso. La fuerza salió de ir de la mano de la muerte y ahora es algo de lo que no me despego; la muerte, en el buen sentido, es mi compañera. Eso me da mucha fuerza.

¿No pensaba en el resto de su familia?

Esa parte era dura, era tan dura que la tuve que hacer a un lado cuando Lucas me dijo \“están muertos\”. Lucas estaba vivo y yo también y para qué íbamos a estar lamentándonos en ese momento cuando había que sacar a Lucas, y después a Daniel, de ahí.

¿Ha vuelto a saber de ese niño al que rescataron?

No, no he vuelto a saber nada, era muy chiquitito y no creo que tenga memoria de lo que pasó.

¿Sería positivo borrar esos recuerdos?

Depende. Los niños más pequeños de seis años hacen un proceso de amnesia, mi hijo Simón lo hizo y está bien porque protege. Sin embargo, en su caso hemos ido recuperando esos huecos con recuerdos. A mí me parece que es muy bonito acordarte de lo que te ha pasado.

¿Se llega a vivir sin que la tragedia condicione la vida?

Se consigue que eso no sea una tortura en tu vida pero no es fácil, es un proceso que requiere un tiempo y estar rodeada de mucho amor y mucha paciencia. Se supera, solo faltaría que no se superase, pero afortunadamente no vuelves a ser el que eras. En mi familia están todos maravillosos y muy positivamente marcados por la experiencia.

Una vez que se ve a salvo, ¿sintió culpa por vivir cuando miles de personas han fallecido?

Es un concepto que anda rondando y estoy haciendo lo que puedo para abolirlo, quiero abolir el concepto de culpa del superviviente. Quien lo puso nunca ha estado ahí. Sí es verdad que sientes un dolor muy grande, que pesa mucho, pero la culpa es de alguien que ha hecho algo malo. Yo, concretamente, le he puesto nombre: el dolor del privilegio de la vida. Cada día soy consciente del privilegio que tengo y eso pesa.

Agradeció ese privilegio con cartas...

Sí, y me he encontrado con gente, no con todo el mundo, al volver a Tailandia por el rodaje. Al médico le he escrito pero no lo he vuelto a ver.

¿Qué hizo su médico para obrar el milagro?

El médico lo que hizo fue ocuparse de mí, en esos momentos tan duros había que escoger y él dijo \“a ti te ayudo\”. Cada poco venía a ver cómo estaba, se ocupó mucho de mí.

¿Esa experiencia y los recuerdos vuelven cuando ocurre otra tragedia?

Me pasó con el tsunami de Fukushima, de Japón; fue durísimo ver esas imágenes. Las noticias hablaban de cifras y yo veía gente, sentía asfixia, ahogo y volvieron las sensaciones de cuando estás ahí.

¿Se podría haber evitado lo sucedido en Tailandia?

Había un geólogo que había predicho la catástrofe hacía mucho tiempo y dijo que había que tomar medidas pero lo despidieron porque los avisos de tsunami espantarían a los turistas. La persona que dijo esto y lo relegó ha sido el culpable de las muertes. Hay una persona responsable de no haber evitado más muertes.

“Cuando ocurrió el tsunami de Fukushima volví a sentir ahogo y asfixia”

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