María García sueña con una ciudad feliz como Barcelona

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ADA Colau, el último capricho de la burguesía catalana, es un ser poliédrico con tantas caras que es imposible descubrirlas todas: activista antidesahucios, alcaldesa, mecenas de okupas, separatista, paracaidista electoral, emisora de moneda, rebautizadora de calles, promotora del Ejército de Catalunya, sectaria con las víctimas del terrorismo, promotora inmobiliaria de mezquitas... y también enemiga de los cruceros, pues los pasajeros que en ellos viajan expulsan a los ciudadanos del espacio público y los barcos contaminan mucho. A la concejala de Bienestar Vegetal, María García, biotopo pata negra, que ya ha hecho en Barcelona algún erasmus pagado por el Ayuntamiento, le pone la idea de prohibir el turismo de cruceros, pero aún no se atreve a confesarlo en público, solo lo hace en petit comité –o eso cree ella, porque después todo se sabe–. Si es por contaminación, tendría que prohibir también las hogueras de San Juan, porque mira que botan fume... Veremos si el año que viene la Marea, nasía pa’ganá, no impone las hogueras virtuales y en vez de repartir madera, reparte tabletas. Si hay un firmante del manifiesto mareante que tenga una tienda de informática... FOTO: garcía, con los libros como si fuese al cole | aec

María García sueña con una ciudad feliz como Barcelona