A ver si no acabamos maldiciendo el no haber obedecido

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hay que reconocer que fueron muchos los padres que se volvieron locos el primer día en el que pudieron salir a la calle con sus hijos. Porque, en el fondo, los irresponsables fueron ellos, los padres, que tenían tantas ganas o más que sus propios hijos de socializar en el parque con esos colegas de banco. Lo de menos, según lo visto en muchas fotografías, eran los pequeños. Y es que, está claro, mes y medio aguantando a los niños de la casa, buscando alternativas para su ocio, haciéndoles estudiar y, por desgracia para algunos, teniendo que convivir, acaban con los nervios del más pintado. Eso sí, como avisa el Gobierno, pasada la euforia inicial, llega el momento de la sensatez. Es preciso que hagamos las cosas bien si queremos vencer a esta enfermedad. Y si estamos ya a puertas de que el resto de mortales podamos salir a la calle, vamos a intentar ir por el libro. No vaya a ser el demonio que terminemos otro par de meses más encerrados en nuestras casas y maldiciendo nuestra estupidez por no haber obedecido las instrucciones. FOTO: Una familia haciéndolo de maravilla | efe

A ver si no acabamos maldiciendo el no haber obedecido